A balón parado

La blandengue manera de dirigir a la selección nacional

Parece broma, pero dirían los expertos: ‘no lo es’. La selección mexicana de futbol continúa empeñada en acompañar las dudas de siempre sobre la calidad de su propuesta en la cancha, con una actitud blandengue, para ser elegante, ante la posición de algunos de los equipos que ceden o prestan a los jugadores que la componen.

El último capítulo de este libro se escribió la tarde del pasado sábado, una vez concluido el partido que le ganaron en Nashville, Tennessee a la selección de Nueva Zelanda.

El autor del gol con el que se impusieron de forma un tanto apurada en ese enfrentamiento, Marco Fabián, dejó la concentración para regresar a Alemania, donde su equipo el Eintracht de Frankfurt, se dijo, lo necesitaba para preparar su partido del próximo fin de semana.

Increíble la petición del club, pero también increíble el que la Federación Mexicana de Futbol o el mismísimo seleccionador Juan Carlos Osorio lo hubieran permitido, todo bajo el argumento, bastante tonto, de que no querían afectar al jugador y este fuera a dejar de ser considerado como titular en un equipo, digo yo, cuyo entrenador no ha dado muchas muestras de que realmente lo valore.

Si algún jugador debe de demostrar y tener regularidad con la selección es Marco Fabián, un tipo que pese al incuestionable talento que tiene no se le ha dado precisamente la consistencia.

Podrán argumentar lo que quieran Guillermo Cantú y Santiago Baños, máximos responsables en el representativo futbolístico nacional, pero deben mostrar mayor personalidad y defensa de sus intereses ante este tipo de peticiones.

En la selección de Colombia, el entrenador José Ernesto Pekerman, ejerció a plenitud su derecho de llamar a James Rodríguez en esta fecha FIFA. Y pese a que el Real Madrid, equipo que posee sus derechos, se opuso alegando que estaba lesionado, nadie pudo impedir que viajara para ser evaluado.

Eso es estar metido de lleno en el negocio. 

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