A balón parado

No fue la batalla épica pero terminará siéndola

La Final quedó en un tono dramático. El 0-2 con el que el América encarará el partido del domingo a las 6 de la tarde en el Estadio Azteca es alcanzable y hasta remontable, pero implicará una toma de riesgos que pueden propiciar el desastre completo en cualquier momento.

Pero los dos goles de diferencia no serán suficientes para desmotivar a ningún americanista, ni para hacer que nadie que le vaya al León se sienta ya con el título en la bolsa.

Será una gran prueba para los dos equipos. Será un partido emotivo, estoy seguro, de principio a fin. Casi como la Final del torneo pasado en la que los dirigidos por Miguel Herrera tuvieron que recurrir a la épica, empate de último minuto y triunfo en penales.

Sea lo que pase, estoy seguro que el juego final será mucho más exigente y riesgoso que el que los coronó ante La Máquina.

América por momentos mereció el empate a uno anoche en el juego de ida. Pero cuando Boselli marcó el segundo bien pudo caer un tercero que hubiera definido al campeón.

El León habitualmente se intimida en el Azteca. Vamos a ver si esta versión comandada por el fiero Gustavo Matosas termina con romper con esa realidad.

El 2-0 a su favor los pone en condiciones idóneas para ello. Estoy seguro, sin embargo, que no saldrán a jugar al contragolpe. No es su estilo y recurrir a ello sería menospreciar su inteligencia y recursos. El León tendrá que salir a jugar de la única manera que sabe hacerlo. Es decir, a la ofensiva, dominante.

El América tendrá que inspirarse en lo individual. Un equipo de desempeño tan parejo no conseguirá más que una derrota terrible en casa. Conociendo un poco al Piojo, y a Ricardo Peláez se encargarán de tener a su plantel absolutamente preparado en lo mental para dar el juego que requieren.

 No fue el juego de anoche la batalla memorable que se pronosticaba. Les quedan 90 minutos para congraciarse, a ambos rivales, con las expectativas que han generado.

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