A balón parado

La innecesaria guerra sucia entre árbitros y federativos

La Federación Mexicana de Futbol. De forma muy concreta su presidente, Decio de María, deberían de tomarse muy en serio el creciente clamor para que se reformen los mandos en Comisiones tan importantes como la de Arbitraje. Es un hecho que los silbantes no están nada contentos con la permanencia como presidente de la misma de Héctor González Iñárritu.

Entiendo que el señor De María no quiera ceder ante lo que bien puede ser catalogado como un chantaje, pero esa posición no puede llevarlo a negar lo evidente. La realidad es que nadie se ha puesto a trabajar en las formas y métodos para mejorar la relación de un directivo como Héctor González Iñárritu, al que se sostiene al frente de esta instancia, y los principales árbitros.

No me imagino cómo pueden esperarse cosas buenas de algo así tan descompuesto. Me extraña que Héctor, un tipo inteligente y decente, se preste a jugar este rol. Seguramente por la cabeza del presidente de la FMF pasa la valoración de que muy difícilmente se generarán condiciones en los próximos años como aquellas que llevaron a que los árbitros, a través de su asociación, a negarse a arbitrar una jornada de la Liga Mx.

Seguramente alguno de estos directivos estarán apostando al desgaste de la hermandad interesada que ha hecho fuerte a este sector del futbol tan atacado. En una de esas en la ecuación que lleve a su disolución está también el de propiciar su división. Pero todo ello me huele y sabe a una guerra sucia absolutamente innecesaria. Todo se traduce en posiciones de fuerza que devienen en filtraciones, venganzas y distorsiones de la realidad. Esto es ya lo que está sucediendo.

La Federación Mexicana de Futbol parece no saber cómo resolver tanta grilla y tanta insubordinación en un sector fundamental en el juego y en el mantenimiento y construcción de credibilidad. El mejor ejemplo de ello es sostener en este cargo al buen Héctor González Iñárritu. También en el desinterés o en la incapacidad para encontrar a un adecuado sucesor. 

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