A balón parado

A los 29 años no se puede renunciar a nada

Habitualmente un jugador de futbol se retira de su selección nacional por veteranía. O lo que es casi lo mismo: por cansancio, desgaste o pérdida de las aptitudes que lo hicieron precisamente un futbolista de elite.

Hay algunos más que deciden ausentarse de sus representativos nacionales por desencuentros con entrenadores o directivos en turno; por capricho también, cuando no ven satisfechas ciertas exigencias.

Pero muy pocos o ninguno lo hacen por decepción o impotencia, como la noche del domingo lo anunció Lionel Messi, luego de con su selección fuera derrotado en la tanda de penales de la final de la Copa América Centenario.

Minutos después de que terminara este partido, que arrojó la coronación de la selección de Chile, cuando Lio caminaba rumbo al camión que los sacaría del Metlife Stadium, en los corredores de la llamada zona mixta, dijo que dejaba su selección a los primeros micrófonos que le solicitaron una declaración.

Ya veremos qué más dice al respecto en las próximas horas o días, un poco más digerida la derrota. Pero no creo que Lio se sostenga pues fue un anuncio producido por el enorme dolor no sólo de perder una nueva final (la cuarta), sino además generada ésta en parte por el penal errado en la tanda del desempate final.

Termine donde termine esta historia, quedará retratado el carácter de Messi. Para muchos que en Argentina han sido sus críticos, empezando por el mismísimo Diego Armando Maradona, el personaje aparecerá como débil, con insuficiente carácter para protagonizar los grandes triunfos.

Otros, sobre todo fuera de su país, intentarán justificarlo aduciendo que el nivel de juego que exhibe, habitualmente está muy por encima del de sus compañeros y esto incrementa la frustración y el enojo.

Yo digo que a los 29 años, cumplidos por Messi la semana pasada, no es válido renunciar a absolutamente nada. Alguien pronto se lo hará notar.  

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