A balón parado

El extraño desquiciamiento de Gignac y Nahuel

Se acerca el final de la fase regular del torneo y no me llama tanto la atención la carrera que tiene a algunos equipos en busca desesperada de la Liguilla, como el comportamiento disciplinario de los poderosos Tigres, en particular de dos de sus principales figuras: André-Pierre Gignac y Nahuel Guzmán.

Tanto el goleador francés como el portero argentino parecen obedecer solo sus códigos temperamentales, dejando de lado los intereses del equipo y pasando muy por de largo de las normas de conducta que siempre le ha gustado resguardar a su entrenador, Ricardo Ferretti.

Gignac y Guzmán actuaron como dos auténticos desquiciados la noche del viernes pasado, cuando le ganaron de visitantes a los Xolos de Tijuana. El delantero se peleó no solo con los rivales (sorprendente como discutió y se manoteó con el portero Federico Vilar), sino también tuvo para sus compañeros. Regañó y exhibió cuando menos en una ocasión a Quiñones y a Dueñas, tras de que éstos no hicieron lo que él quería que hicieran… Eso en las imágenes que se mostraron en la transmisión televisiva, quién sabe cuántas veces más mostró esa intolerancia que no se le había visto en otros partidos.

Y lo de Guzmán es patético ya. Hace lo que se le pega la gana, se muestra sobrado al grado de poner en riesgo su portería de forma gratuita, pero también abusa en reclamar y regañar a los árbitros. Fue tal su afán en protestarle a César Arturo Ramos, que a punto estuvo de recibir un gol olímpico pues el colombiano Dayro Moreno se apresuró a cobrar un tiro de esquina cuando vio que éste se situaba seis o siete metros fuera de la línea de meta.

Pese al susto siguió con sus desplantes sin recibir regaño alguno de un entrenador que regaña hasta a su sombra. La misma actitud pasiva guarda Ferretti para Gignac.

Un equipo de futbol para ser grande de verdad no solo requiere calidad, sino la humildad que dan la disciplina y el respeto. 

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