A balón parado

El aficionado no se vende, ni el americanista se compra

El América decidió regalar la totalidad de las entradas que estaban a la venta para el partido que jugarán este sábado contra el León.

Los aficionados de este equipo agradecieron el gesto y se volcaron a recoger en días pasados los boletos, por lo que el Estadio Azteca va a lucir repleto.

Un partido en el que no se hubiera registrado ni media entrada, va a tener localidades agotadas no por un gesto de agradecimiento sino por una especie de sentimiento de culpa de una directiva que encabezan Pepe Romano y Ricardo Peláez.

Hay que recordar que esta medida formó parte del paquete con el que decidieron hacer frente a la crisis desatada tras ser goleados en su propia cancha por las Chivas del Guadalajara en el llamado Clásico Nacional.

El fin de semana pasado, enfrentando al Cruz Azul, el América revivió. Tras ir perdiendo 3-0 consiguió una remontada casi épica y eso aparentemente congració a los seguidores de este club hasta con los personajes más cuestionados, como el entrenador Ignacio Ambriz.

Ese será precisamente uno de los puntos más atractivos a revisar el próximo sábado. ¿El agradecimiento de los aficionados americanistas, por recibir de la directiva las citadas cortesías, llegará a tal extremo como para no cuestionar a Ambriz?

¿Qué pasará si el equipo no camina desde el arranque como quiere su gente que corran? ¿Los van a abuchear? ¿Los van a apoyar con todo?

Se va a poner bueno. Ahí se verá que el verdadero aficionado no se vende, ni el americanista ni el de ningún otro equipo.

Si las Águilas fueran incapaces de ganar ante un León que parece enmienda su vacilante inicio de torneo con un nuevo entrenador, ¿va su directiva a regalar los boletos de su siguiente partido como local? ¿O regalará camisetas oficiales?

Quiérase o no, el gesto de regalar estos boletos debe de ser enclavado en un riesgoso populismo. 

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo