A balón parado

Hay que acabar con el racismo mexicano

Podrá tener como origen la pura estupidez que nace de la ignorancia, pero el racismo que se ha hecho presente en varios estadios del futbol mexicano, contra jugadores de raza negra, no por ello deja de ser igual de ofensivo e indignante.

Me queda claro que los idiotas que desde la tribuna, el sábado pasado, hicieron sonidos imitando a simios cuando jugadores como los colombianos del León, Loboa y Arizala, tocaron la pelota, no son neonazis ni participan de ningún plan de represión que vaya más allá de querer hacerse los chistosos.

Pero no por ello se debe dar vuelta a la hoja como si no hubiera pasado nada. Esto que hicieron seguidores de los Pumas, perfectamente bien ubicados, debe de denunciarse con fuerza y generar una serie de acciones que terminen de tajo con esas expresiones.

Lo primero, creo yo, es contar con la indignación de los propios jugadores ofendidos. Tanto Loboa como Arizala (como en su momento Felipe Baloy o Darwin Quintero), deben de exigir respeto. Tal como lo hizo el camerunés Samuel Eto’o, que llevó las cosas a un nivel nunca antes visto, obligando a que el partido se detuviera.

De inmediato, estos jugadores que han sido objetivo de estos insultos racistas, deben de ser respaldados por todo el gremio de jugadores y entrenadores. Hoy tendría que estarse dando una conferencia de prensa a su favor o debería de estarse publicando un desplegado, o difundiéndose un boletín en el que quedara absolutamente claro que están dispuestos a aplicar tolerancia cero contra estas actitudes de un sector de los aficionados.

Y bueno, los clubes a los que pertenecen estos jugadores... Deberían de reaccionar de forma más enérgica, planteando ultimátums y no simplemente amenazando, como lo hizo ya el León, con vetos a esas porras.

A todos nos está haciendo falta capacidad de reacción contra esta vergonzante ignorancia que tanto lastima.  

rafael.ocampo@milenio.com

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