A balón parado

La Volpe, entre la esperanza y la verdadera necesidad

Ricardo La Volpe debió haber aprendido ya hace mucho tiempo que no es con buena labia o verbo como se hacen campeones los equipos de futbol. Pero si es verdad que lo llegó a procesar, todo se le olvidó cuando recibió el desesperado llamado de la directiva de las Chivas para hacerse cargo de la dirección técnica de un equipo recientemente humillado, en su propia cancha, por el odiado rival.

La Volpe no tendrá al menos lo que resta de esta campaña materia prima para elaborar un equipo ofensivo y exitoso, que es lo que todos quieren del club más popular del futbol mexicano.

Las Chivas no tienen un buen plantel de futbolistas, digan lo que digan sus directivos. Se trata de una formación desbalanceada, con relativa buena presencia en el área enemiga, con Aldo de Nigris y Omar Bravo. Pero los rojiblancos no tienen prácticamente a nadie en la media cancha o por las bandas para elaborar juego ofensivo. Su línea de contención, con el veterano Israel Castro y el apático Chatón Enríquez es endeble a más no poder. Y su defensiva hace agua teniendo como protagonista a su gran contratación para este torneo, el ex cruzazulino Jair Pereira.

Es imposible que La Volpe, recién transformado en analista de ESPN, no vea esto. Seguro ante sus colegas comentaristas lo ha dicho.

Pero aún así aceptó el reto de convertirse, nuevamente, en entrenador de un equipo de primera división.

Entre la esperanza y la necesidad, La Volpe prefiere negar una realidad que le dice que va derechito a un nuevo fracaso. Este entrenador, desde mi punto de vista muy bueno, no solo requiere de buenos jugadores (como cualquier otro), sino tiempo para trabajar con calma, para que sus discípulos dominen sus maneras, sus estilos y manías.

¿De verdad saben en Chivas a qué entrenador acaban de contratar? ¿De verdad?

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