A balón parado

Vergara desató los peores demonios

Parece inevitable volver y volver sobre la crisis de las Chivas. Y es que después de que este equipo perdiera su partido de la fecha 6 contra el León, se han desatado los peores demonios sobre ellos.

¿O cómo merecen ser calificadas la serie de declaraciones que ha repartido por varios medios su propietario Jorge Vergara?

El desaliento, la descalificación y, consecuentemente, la desunión se han sumado a un cuadro ya de por sí complejo que, en principio, estaba compuesto casi por puro factor futbolístico, como la poca adaptación, la nula contundencia, la ridícula capacidad defensiva.

Que el dueño del equipo salga y exponga a los cuatro vientos una crítica que sonó tan sincera como despiadada hacia Carlos Gullit Peña, uno de los dos refuerzos de lujo que llegaron para este torneo, es una absoluta irresponsabilidad.

Que el dueño del equipo, seguramente desesperado y acorralado, exponga de forma abierta también, que sus jugadores “están echados a perder” y que “cobran demasiado” (tal cual lo publicó el diario RÉCORD ayer martes), lo único que ha hecho es dinamitar los equilibrios que daban a pensar que se podría retomar, en algún momento, un proyecto exitoso con el actual entrenador y plantilla.

Que el dueño del equipo critique abiertamente a una de sus jóvenes figuras, el defensor Carlos Salcedo, por desconcentrarse por querer ir a jugar al futbol europeo, no es tampoco lo más inteligente.

No sé cómo piense salir Jorge Vergara de todo esto. Si caminara por la ruta de la congruencia tendría que rescindir de inmediato los contratos de todos los elementos que no encuadran en su concepto de profesionalismo. Pero no lo hará. Él seguramente está convencido que generando este cisma va a provocar una reacción.

Que a nadie le quepa duda: el gran responsable de todo este desastre es Vergara.

 

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