A balón parado

El Tri empieza a pagar sus deudas

La selección mexicana de futbol no sólo empató meritoriamente a cero goles contra el anfitrión representativo de Brasil... No sólo llegó a cuatro puntos, situándose a un paso de los octavos de final, los que aseguraría con un simple empate ante Croacia... No, hace unas horas en la ciudad de Fortaleza dio un paso enorme en su larga búsqueda de reconocimiento internacional, mostrándose como un equipo con mucha personalidad, valiente y atrevido.

Que Miguel Herrera, el entrenador, haya decidido apostar por elementos ofensivos en los tres cambios que ordenó en la segunda mitad habla de su carácter triunfador. Algo que no muchos de sus colegas pueden presumir.

No se ganó, es cierto. No se metió gol, también es verdad. Guillermo Ochoa, el portero, fue el héroe del partido, nadie puede negarlo... Pero el rival fue Brasil, el poderoso, el temible pentacampeón del mundo.

Expertos de uno y otro país daban por sentado no sólo un triunfo de los brasileños sino la goleada, así llegara a ser necesaria la complicidad del árbitro con los locales. Pues nada de ello sucedió.

La selección mexicana de futbol generó un orgullo generalizado entre todos los que sienten sus colores. Esos miles que la acompañan a donde se mueva y se presente. El Tri empezó a pagar sus deudas.

Esta afición de primera, la mejor del mundo para mi, se merecía una alegría de este tipo. Los aficionados mexicanos salieron del estadio casi realizados. Y los que lo vieron en México y en otras ciudades, también. A mi me tocó estar en Río de Janeiro, donde la zona conocida como Fan Zone permitió cánticos como éste: "¿Y dónde están y dónde están? Los brasileños que nos iban a ganar".