A balón parado

De Singapur a Nanjing ¿Mucho o poco?

El deporte mexicano tendría que dar muchos mejores resultados en el alto rendimiento de los que se obtienen en las distintas competencias y eventos internacionales. Nadie me podrá quitar eso de la cabeza. Los multimillonarios presupuestos que se han destinado a este rubro, para no ir más lejos, así lo indican.

Estamos un poco lejos del sitio en el que México debería situarse, por ejemplo, en unos Juegos Olímpicos o en Campeonatos del Mundo. Los atletas y entrenadores de nuestro país tendrían que ganar más medallas, sobre todo de oro. No concibo que países con economías menos poderosas destaquen más en materia de logros deportivos. Pero eso sucede.

Como sea, sin perder de vista estos parámetros, sin dejar de lado una visión permanentemente exigente, hay que reconocer ciertos logros y avances.

Hace cuatro años, cuando en Singapur 2010 se llevaron a cabo por primera vez los Juegos Olímpicos de la Juventud, la delegación mexicana obtuvo siete medallas. Una de plata y seis de bronce. Seis de ellas se puede decir que fueron oficiales y una, la de bronce de la triatleta Adriana Barraza, producto de un experimento del Comité Olímpico Internacional consistente en mezclar en ciertas pruebas a competidores de distintas nacionalidades.

En la segunda edición de estos Juegos, llevados a cabo en la ciudad china de Nanjing y concluidos ayer, los mexicanos duplicaron la cifra de medallas. Obtuvieron un oro, siete platas y seis bronces. Aunque de estas 14 medallas se dice que tres: la de oro de Alejandra Orozco en clavados mixtos internacionales; la de plata de José Santos Valdés en tiro deportivo al lado de una argentina y la plata del pentatleta Ricardo Vera al lado de Anna Toth, de Hungría, no cuentan en el medallero oficial.

Aunque sea poco a poco, creo que no puede negarse que el deporte de alto rendimiento mexicano está avanzando.

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