A balón parado

Ronaldinho… El que fue y el que ahora es…

Ronaldinho fue aquellos años memorables del Barcelona de Frank Rijkaard, un futbolista con magia. Su juego era casi un nuevo arte, plasmando en él gracia y agilidad, chispa, malicia, inteligencia. Y, efectividad, porque su estilo y su aporte resultaron definitivos para que los blaugranas empezaran a florecer mundialmente, disputándole palma a palma popularidad global al Real Madrid.

Todo eso, su capacidad para desbordar, su potencia para hacer la jugada diferente y ganadora, un día se le extravió al brasileño. Le empezó a ganar la fiesta, empezaron a salir las historias que retrataban a un niño oprimido y reprimido, que dejaba lugar a un adulto que quería empezar más allá de la disciplina del futbol y la utilización de muchos de su talento e imagen.

Sin miramiento, Pep Guardiola decidió dejarlo fuera de su Barcelona, aquel que ganó todo y que con Lionel Messi como estandarte se convirtió en el equipo internacional de moda.

Resignado y respetuoso con el Barça, se fue casi en silencio al Milán, donde no llegó a ser ni el diez por ciento de lo que llegó a ser con los catalanes. Luego regresó a su país para jugar con el popular Flamengo, con el que tampoco hizo nada… Y luego con el Atlético Mineiro con el que sí ganó, jugando de forma regular, pero no brillante, la Copa Libertadores.

En ese equipo estuvo hasta hace cosa de tres o cuatro semanas, cuando le rescindieron el contrato por mentir, pues le dieron permiso para jugar un partido en Portugal, de despedida a su amigo Deco, y no apareció en él.

De pronto apareció amando a México. Y firmó por el Querétaro. Claro que su contratación es irrefutable y debe ser aplaudida. La directiva de este equipo hace lo correcto y más que eso al traerlo invirtiendo esos 4 millones de dólares que se dice cobrará en los dos años que firmó.

Acá nada más se trata de estar conscientes de qué Ronaldinho era y cuál ha decidido ser ahora. Que nadie, empezando por los aficionados, se vaya a declarar engañado cuando lo vean de cerquita. 

 

rafael.ocampo@milenio.com

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