A balón parado

Ricardo Peláez, y todos los demás

Nada hay contra Nacho Ambriz en el campo personal. Es un tipo frontal y honesto, muy amable también. Lo que se le cuestiona al ahora entrenador del América son los méritos para llegar como sustituto de Gustavo Matosas.

Pero de esto, él no tiene la menor culpa o responsabilidad. Si le ofrecen un puesto como el que le ofrecieron sería un tonto si hubiera dicho que no. A quien se debe cuestionar sobre el tema es al presidente deportivo del equipo, Ricardo Peláez.

Y encarador como es, Ricardo no ha escatimado oportunidad para hablar en público sobre las razones que tuvo para seleccionar al ya también ex entrenador del San Luis, Chivas y Querétaro.

No se necesita para hacer ganar campeonatos al América, en el razonamiento de Peláez, tener al entrenador de moda del futbol mexicano, ni a uno que haya ganado títulos, menos que promete y se comprometa con un estilo de juego ofensivo.

Lo que requiere Peláez, que se ha encargado de contratar jugadores ofensivos de calidad probada, es un entrenador disciplinado, con fortaleza mental y visión institucional. Alguien que resulte trabajador y no respondón. Alguien que mantenga una estabilidad emocional y no esté amenazando con que se va cada que siente que las cosas no salen bien. Alguien que no se mire tanto al espejo, sino revise con atención a sus jugadores.

En pocas semanas sabremos si la apuesta le resulta de forma positiva a Peláez, que tiene muy buen crédito al haber encontrado ya la fórmula para producir campeonatos con tres entrenadores distintos.

Tiene pues derecho a reclamar un protagonismo institucional. El club, por él representado, por encima de cualquier otra figura, aunque ésta resulte mediática y popular.

No descarto la idea de que entre Peláez y Matosas no hubo pleitos ni enojos, como se encargaron de reiterarlo en aquella conferencia de prensa de la despedida. Pero me queda claro que entre Peláez y Ambriz hay garantía de que se generará una relación que permita una comunicación más cómoda y constante.

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