A balón parado

Quiso quedar bien con ellos, pero al final, los abuchearon

Que cansado se le veía a Juan Carlos Osorio anoche en la conferencia de prensa posterior al partido en el que la selección mexicana de futbol que dirige derrotó a su similar de Canadá dos goles a cero.

Compareció ante la mayoría de los representantes de los medios después de atender la batería de "entrevistas exclusivas" que es su obligación otorgar a las televisoras propietarias de los derechos de transmisión, que cada vez son más.

Pero agotado y todo, dijo cosas interesantes. Primero, fiel a su perfil de un tipo honesto, fue autocrítico: "... somos conscientes de que hay que mejorar en muchos aspectos".

Para que no quede duda de su posición, más adelante reiteró:

"...Pensábamos que sin tener a muchos jugadores que consideramos importantes podíamos ganar este partido. Y se hizo. Estamos muy satisfechos, pero tenemos mucho que mejorar y con el tiempo lo haremos".

Hasta aquí ningún problema. Aún así hubiera sido más enriquecedor que el profesor Osorio dijera los puntos concretos del juego de su equipo que no le gustaron, pero ya sabemos que un entrenador se puede desmarcar fácilmente de ello alegando algo así como que "la ropa sucia se lava en casa".

Un poco más adelante dijo algo que sí me resulta inquietante. Reconoció, de la mano de esa franqueza que le conocemos, que decidió el ingreso de cambio de Javier "Chicharito" Hernández porque la gente se lo exigió desde la tribuna. Y él quiso quedar bien con esa gente. Se los concedió, en términos llanos.

Fue tan deficiente el desempeño ofensivo de la selección en el segundo tiempo que ese mismo público decidió abuchearlos en ciertos momentos. Ese público no agradece ningún gesto que se tenga con ellos.

Pero Osorio acaba de sentar un serio precedente, algo que más adelante se puede tornar un tema incomodo: que desde la tribuna le pidan qué hacer y éste se la viva haciéndoles caso.


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