A balón parado

¿Osorio? De ese tamaño es el vacío y la desesperación

En el futbol del más alto nivel competitivo está mucho más cerca del éxito quien se aleja de forma decisiva del azar.

Tomar decisiones a ver qué sale de ellas debe ser considerado como un acto reprobable. Firmar contrato con un entrenador, porque no había otro o porque los que se seleccionaron en primera instancia no pudieron ser convencidos, debería ser causante también de rechazo.

Por desgracia es lo que parece estar sucediendo en la Federación Mexicana de Futbol ahora que se vieron inmersos en la tarea de designar al sustituto de Miguel Herrera.

Todo indica que el candidato más sólido, por no decir el único, para tomar el mando del equipo ahora que el Tuca Ferretti de por finalizada su estancia como interino, es el colombiano Juan Carlos Osorio.

Me cuesta trabajo hasta escribirlo. ¡Juan Carlos Osorio!

¿Quién es? ¿Qué méritos ha hecho para que se le considere siquiera como candidato? ¿Por qué este hombre, cuya foja de méritos incluye sólo títulos de liga y copa en Colombia, no es ni ha sido candidato a dirigir a la selección de su país, pero sí es perfilado para comandar al representativo mexicano?

Es un entrenador que nunca pudo consolidarse en los dos equipos a los que dirigió en la MLS de Estados Unidos; un director técnico que fracasó con el Puebla de la primera división mexicana (sólo se mantuvo 11 jornadas) y que con el Sao Paulo de Brasil, al que todavía dirige, no ha podido acercarse a las expectativas que hicieron que se le firmara.

Tiene un muy buen promotor el señor Osorio. Alguien que le ha hablado muy bonito a Decio de María, a Guillermo Cantú y a Santiago Baños... Si no, no se entiende que lo hayan buscado y fabriquen la idea de conseguir su renuncia del poderoso club brasileño.

Pero también los tres directivos citados deben de tener una necesidad y un vacío enormes. Andan, se puede decir, muy desesperados.

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