A balón parado

¿Necesita Marco Fabián pelearse con alguien?

La violencia que generan las barras descontroladas y hasta la cada vez más frecuente irrupción de “espontáneos” que con distinta motivación invaden los terrenos de juego, deben seguir situándose en el primer nivel de atención en nuestro futbol.

Pero uno debe rendirse ante actuaciones como la que protagonizó la tarde-noche del domingo pasado, en el Estadio Jalisco, el chiva Marco Fabián.

Qué manera de responder del mediocampista, con tres goles que resultaron definitivos para que su equipo avanzara a las semifinales, eliminando al Atlas.

¿Por qué no juega así un poquito más seguido este atacante que desde que debutó en la Primera División ha dado muestras de su enorme talento?

Es un buen misterio a resolver. De entrada, el domingo pasado pareció salir especialmente incentivado por un absurdo pleito verbal que sostuvo desde que finalizó el partido de ida (el que se jugó en el Omnilife) con el entrenador del equipo rival, Tomás Boy.

¿Necesita Marco Fabián estar peleado con alguien para motivarse y entregar una actuación generosa y productiva? Sería fatal que esto fuera así.

Hoy Marco tiene que recibir con gusto todos los reconocimientos que le han caído. Faltaba menos. Pero casi al mismo tiempo iniciar una reflexión que le permita concluir qué diablos pasa con él que todo ese enorme talento que tiene aparece tan aleatoriamente que parece no es de él.

Por supuesto que con eso que mostró el domingo en la cancha del Jalisco le da para jugar en muy buenos clubes de ligas europeas importantes. Pero consistencia es la cuestión.

Viene para él un cierre de Liguilla donde debería asumir que si juega algo parecido a lo que le vimos ante los rojinegros, su equipo puede obtener un campeonato histórico.

Y viene la Copa América de Chile donde debe asumir el papel de líder del equipo y saber que buscadores de talento del futbol de primer nivel realmente le pueden conseguir el contrato que le permita irse a triunfar.  

 

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