A balón parado

A algunos sin Mundial, sí se les acabó el negocio

Nadie puede cuestionar el principio de ahorro cuando las cosas se ponen complicadas en el campo de los ingresos. Es lo primero y lo mejor que alguien puede y debe de hacer, a nivel personal, familiar o gubernamental.

Si el gobierno mexicano ha tenido que recortar presupuesto en áreas sociales sensibles, debido a la terrible baja de los precios del petróleo, sonaba a locura que destinara 100 millones de dólares a organizar un Campeonato Mundial de Natación en 2017.

Si esta decisión que ha tomado la Conade tiene una penalidad de 5 millones de dólares, pues habrá que asumirla, aceptando que los tiempos cambian, sobre todo cuando se fabrican escenarios monetarios.

Lo que sí se debe de cuestionar —y en esto estoy plenamente de acuerdo con Nelson Vargas—, es esta recurrencia a andar solicitando organizar eventos de carácter mundial en deportes en los que el país no tiene presencia ni capacidad para figurar en el cuadro de ganadores.

Mejor destinar esos fondos a crear más infraestructura deportiva o a preparar mejor a los entrenadores de las distintas disciplinas en las que el país puede conseguir grandes resultados.

Queda absolutamente claro que este Campeonato del Mundo no resultaba autofinanciable cuando para llevarlo a cabo el gobierno federal tendría que destinar dinero en una suma tan importante. ¿Entonces, para qué pretender organizarlo? Si no hay negocio, contante y sonante, para qué comprar aventuras.

Nada va a pasar en términos negativos a la natación mexicana (e incluyo a los clavados que tanta gloria deportiva nos han dado), si el país o la ciudad de Guadalajara no tienen un campeonato del mundo.

Los únicos que van a perder y deben de estar lamentándose son una serie de especuladores e intermediarios que esperaban con ansias el presupuesto para llevar a cabo obras en infraestructura. Qué bueno. Menos tentación para corromperse y corromper. 

rafael.ocampo@milenio.com

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