A balón parado

Los amores y los odios de los héroes deportivos

He escrito aquí otras veces, asombrado, por la falta de objetividad que se impone como valor común en los aficionados al futbol, que lo menos que se puede esperar en este medio es mesura y análisis justos.

Ayer por la mañana recibí un correo de un respetado lector a quien no cito por su nombre pues no he podido solicitarle autorización para mencionarlo. Su texto tiene que ver con el portero argentino del Santos Laguna, Agustín Marchesín, y el terrible error que permitió al América eliminarlos en la semifinal de la Concachampions.

Estimado Rafael:

"(Marchesín: Dice un dicho piensa mal y acertarás). "No sé por qué razones el Club Santos se ha convertido en un campo experimental del Club América, porque una vez que jugadores contratados como el finado Chucho y el Trompas Oribe Peralta logran destacar, al poco tiempo aparecen fichados por el AMÉRICA TELEVISA.

"Después del GARRAFAL ERROR o PIFIA de Agustín Marchesín que le dio el pase al Club América, su traspaso a las Águilas para ocupar el lugar del también mamilas Moisés Muñoz tendrá que esperar o de plano se vería muy gacho".

Entiendo que cueste trabajo aceptar que Marchesín se haya equivocado de esa tan fea manera. ¿Pero cómo puede ocultarse o no decirse que hasta el momento de su error este guardameta había sido el héroe de su equipo?

¿Qué tiene que ver, en todo caso, una cosa con la otra? ¿A poco alguien de verdad puede sumarse a esta idea de que Marchesín quiso quedar bien con el América? ¿Alguien vetaría su posible contratación con el América porque con su error les regaló un pase a la final de un torneo?

No haber podido atajar o despejar ese disparo del ecuatoriano Michael Arroyo, haber hecho el ridículo tragándose ese gol, no le quita a Marchesín su condición de extraordinario guardameta. Y, desde mi punto de vista al menos, no condiciona en nada su futuro en este medio.


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