A balón parado

La Liguilla, entre descontones, espontáneos y violentos

Apenas hace unos días la Confederación Sudamericana de Futbol tuvo que suspender el partido Boca Juniors vs RiverPlate, de la Copa Libertadores.

Jugadores del equipo visitante fueron agredidos con un tipo de gas pimienta, de fabricación casera, que aficionados radicales del Boca Juniors les arrojaron cuando se aprestaban a salir a jugar la segunda mitad.

Tras casi dos horas de deliberaciones sobre la cancha, se ordenó la suspensión del partido. Las agresiones contra los integrantes del RiverPlate no se limitaron al gas, fueron insultados, provocados y tuvieron que ser escoltados y protegidos por escudos de la policía para desalojar la cancha. Al final, sobre el mismo terreno de juego, ofendió a todo mundo la escena que les cuento: varios elementos del Boca Juniors, empezando por el portero Orión, aplaudiendo a sus hinchas.

En México, al presidente de la Liga MX, Decio de María, se le requirió en algún medio televisivo alguna opinión sobre este tema. Puede decirse que de forma muy correcta, el directivo se encargó de condenar esos hechos, pero también quedó claro que deslindó a nuestra competición casi de forma total de hechos de violencia similares.

Es un error asentarse en esta posición. Y desgraciadamente pronto los hechos se han encargado de desmentir al señor De María.

Ya un “espontáneo” había saltado a la cancha del estadio del Santos Laguna a agredir al árbitro que pitaba el duelo de los locales contra el Puebla, en la última fecha de la fase regular del torneo.

Pero lo que pasó la tarde-noche de ayer domingo en el Estadio Jalisco, cuando un grupo de radicales aficionados a los rojinegros decidieron saltar a la cancha e interrumpir el juego, debe de generar medidas urgentes.

Insisto e insistiré, no es con vetos a los estadios y castigos a las directivas de los equipos que administran el partido, como se va a terminar con los impunes violentos, que no son más que delincuentes.  

 

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