A balón parado

La Liguilla que no debe echar a perder el torneo

La clave que explica el torneo espectacular y ofensivo cuya fase regular acaba de concluir, fue la coincidencia de entrenadores que apostaron por planteamientos ofensivos.

Algunos, como el veterano Ricardo Ferretti o el todavía novel Ignacio Ambriz, que no se habían caracterizado por esa forma de juego, no tuvieron de otra ante la muy buena dosis de talento en la zona de ataque que les contrataron sus directores deportivos. Fueron consecuentes con sus fortalezas y eso es lo que originó marcadores abultados, muchos goles y llegadas a la portería adversaria.

No habría pues porqué temer que esto va a desaparecer en esta Liguilla que arranca mañana. Los otros entrenadores que accedieron con sus equipos a este mini torneo que define al campeón del futbol mexicano tienen características más naturales ligadas al futbol ofensivo.

Empecemos por Ricardo Antonio La Volpe y Carlos Reinoso, dos veteranos también del discurso arriesgado, muy consecuentes, por cierto.

Sigamos con Guillermo Vázquez, con Juan Antonio Pizzi y cerremos la nómina con un Pepe Cardozo y un Pablo Marini. Los cuatro también, sin abusar del discurso, han apostado por echar a sus hombres al frente más que de lo que salen a defenderse.

Creo que la experiencia colectiva, las vivencias sumadas tras tantos años de Liguilla, nos dicen claramente que tiene más posibilidades de pasar de ronda el que juega arriesgando.

Ojalá estos ocho entrenadores asuman que están representando en esta fase final a un torneo que de verdad ha resultado memorable y que se muestren muy dispuestos a enaltecerlo. Le hace falta al futbol mexicano una Liguilla que además de dramática resulte espectacular y ofensiva, con goles de un lado y de otro casi a destajo.

Es un compromiso que deben asumir los entrenadores pero también, por supuesto, los jugadores.  

 

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