A balón parado

Intolerancia total contra los violentos

El tema de fondo en el que se desenvuelve la agresión de Fidel Kuri a Edgardo Codesal, ocurrida hace ocho día en uno de los palcos del Pirata Fuente, tiene que ver con la tolerancia que el futbol mexicano (y nuestra sociedad en general) ha desarrollado a la violencia.

Para muy pocos ha merecido ser catalogada como grave. Han pasado tantos días ya sin que se conozca una sanción para Kuri que muchos apuestan inclusive por el olvido, empezando por el mismísimo propietario de los Tiburones Rojos, este señor que también es diputado federal.

Las imágenes que hemos visto son contundentes. Insultos reiterados, jalón de pelo y empujones. Y además la generación de un ambiente de hostilidad y agresividad en contra de Codesal. Todos los afines a Kuri en ese espacio se mostraron dispuestos a manifestarle su rechazo.

En ligas deportivas estadunidenses y europeas la intolerancia a la violencia es automática. Hacia esos campos deberíamos trabajar. Por eso resulta importante situar en el tiempo y en el espacio lo que protagonizó el señor Kuri.

No debería de sancionársele con el reglamento de siempre. El enfoque debería de ser el que lo que hizo es más grave ahora que si lo hubiera hecho antes. Por supuesto que se tienen que tomar como referencia hechos parecidos o idénticos que se han dado en otros países.

Pero bueno, poco se puede esperar de una estructura, como la que domina el futbol mexicano, que no ha podido erradicar la violencia que muchos aficionados generan en las tribunas, con el pretexto de la defensa de los colores de sus clubes. Y no la ha podido eliminar porque no se lo han tomado en serio, porque nos hemos acostumbrado a vivir con esta violencia como algo ya cotidiano.

Alguien tiene que romper con este estado de cosas. El futbol mexicano debe decretar una intolerancia total contra los violentos, sean directivos, entrenadores, jugadores o aficionados.

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