A balón parado

Una Final que ojalá se parezca a la semifinal

Lo que celebro, por encima de todo, es el tipo de partidos que escenificaron, tanto en el Azteca como en el Olímpico de CU, los Pumas y el América. Quizá sea complicado para muchos aficionados de estos equipos decir y ver esto. En estos momentos están calientes, con ganas de provocarse, con ganas de encontrar razones y argumentos para descalificarse.

Pero la pasión que se generó, aun la polémica que sigue sacudiendo a muchos, el drama que se vive cuando el rival que fue apaleado en el primer partido se queda a un gol de la remontada, dignifica la competición.

La Liga MX está muy viva, tanto como imperfecta. Habrá que esperar el rating televisivo del juego llevado a cabo ayer a las 12 del día, pero ya el de la noche del jueves pasado que se jugó en el Azteca fue sorprendente, alcanzando los 18 puntos para la transmisión que hizo Televisa en señal abierta.

En todo lo demás que se ha dicho estoy de acuerdo. El árbitro se equivocó ayer al no ver la falta de Javier Cortés sobre Javier Güémez (la de su fractura en la tibia), y no expulsar al universitario. También en que el planteamiento de Memo Vázquez y la actuación de sus jugadores fue indigna de un superlíder y que si pasaron a la Final fue porque el América los perdonó. Los errores de Ignacio Ambriz también deben resaltarse. No saber poner a los jugadores adecuados en los momentos adecuados, mostrarse incapaz de controlar el temperamento irascible de algunos de sus jugadores. Cuatro expulsados, dos en cada partido, no son inventos de ningún mal árbitro.

Suena complicado imaginar que la Final entre Tigres y Pumas resulte tan emotiva y genere tanta pasión y polémica. Pero no está nada mal. Son dos equipos con millones de aficionados como respaldo, con dos entrenadores que tienen una misma cuna y jugadores de calidad comprobada. Ahí y los árbitros serán los mismos, así que cosas raras habrá.

 

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo