A balón parado

La FIFA no sabe qué hacer

Los máximos dirigentes de la FIFA, empezando por su secretario general, Jerome Valcke, no saben bien a bien qué posición asumir ante los dos principales retos que les plantea el Mundial de Brasil.

¿Qué hacer ante la desorganización evidente que ha provocado severos retrasos en entrega de obras y en el adecuado funcionamiento de las que han sido ya dadas de alta?

¿Qué decir, cómo situarse de forma adecuada ante el fenómeno de las protestas y movilizaciones sociales contra el Mundial, mismas que ayer llegaron ya a pegarle un gran susto a los integrantes de la selección anfitriona al iniciar su concentración?

En el primer tema Valcke se mueve entre la diplomacia y la exigencia. No estuvo nada conforme con lo que vio en la apertura operativa del estadio que recibirá el 12 de junio la inauguración de la Copa del Mundo, la Arena Corinthians.

Con un tono plagado de optimismo, sin embargo, ordenó de inmediato la realización de otra prueba real, es decir, otro partido de carácter oficial con acceso de público y todo lo que implica en el terreno organizativo. Ensayo que por supuesto no estaba programado y que no le hizo mucha gracia a los organizadores locales que prefieren concentrar sus esfuerzos en otros muchos pendientes.

En el otro gran tema, sin lugar a dudas el más delicado, lo único que dice el brazo derecho de Josep Blatter es que el Mundial se jugará pese a las protestas callejeras. Pero no hay un plan específico que ayude a la gente que ha comprado los boletos de acceso a librar los cercos “pacíficos” que se preparan para boicotear los partidos en las 12 ciudades sede.

“Nos esperan varios días ajetreados y todavía queda mucho por hacer en un esfuerzo colectivo que involucra a la FIFA, el Comité Organizador, el gobierno federal y el de los estados”, comentó el directivo en una columna publicada en el sitio web de la FIFA.

Días de tensión y mucho nerviosismo añadiría yo.  

 

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