A balón parado

Para la FIFA, la moral es un árbol que da moras

Acusar de algo así como traficar con menores a verdaderas instituciones del futbol europeo, como el FC Barcelona y ahora al Real Madrid y el Atlético de Madrid, es una verdadera desmesura.

Pero lo que queda de estructura de la FIFA, insiste en mostrar una cara ridículamente honorable, un rostro que no le queda después de lo que ha quedado expuesto en los últimos meses, historias todas ellas ligadas a la corrupción de sus principales dirigentes.

El tema por el que se le prohibió al equipo catalán realizar nuevos fichajes por un año y que ahora se extiende a los otros dos equipos de la capital española, puede ser visto de forma compleja, pero en principio es porque presupone que los niños y adolescentes que llegan de diferentes partes del mundo a formarse a las canteras o escuelas de estos equipos, lo hacen de forma casi forzosa, sacándolos de sus sitios de origen, alejándolos de sus familias.

Nada más alejado de la realidad que ello. Estos chamacos llegan acompañados de sus padres y hermanos, a veces hasta de otros familiares. Llegan para cumplir un sueño que tiene que ver con su enorme talento para practicar este deporte. Son atendidos de forma extraordinaria, otorgándoselos una atención integral que no sólo abarca la educación futbolística.

Pero esto no lo ha querido ver la FIFA. Tampoco, con argumentos legaloides, el Tribunal de Arbitraje Deportivo, a donde el Barcelona recurrió la sanción, sin éxito.

Habrá quienes digan: si ya sancionaron a uno, está bien que sancionen de la misma manera a todos los demás. Pero las cosas no pueden ser enfocadas de esta manera. Seguro hay cosas que estas potencias del futbol deben estar haciendo mal.

Que los investiguen. Pero no en este campo del reclutamiento temprano de talento.

Lo único que la FIFA ha logrado es romperle la ilusión y la carrera a jóvenes brillantes. Todo por una muy cuestionable postura moral de un organismo que no entiende nada de eso.

rafael.ocampo@milenio.com
twitter@rocampo