A balón parado

La FIFA, huérfana de uno de sus grandes Capos

La FIFA se va quedando huérfana al extinguirse sus grandes Capos. La muerte hoy en Buenos Aires de Julio Grondona, uno de sus Vicepresidentes y rostros más visibles, le facilita el camino para lograr una transición inacabada que no termina por situarla en el campo de la credibilidad.

Grondona ejerció poder e influencia en el máximo órgano de representación mundial del futbol desde su cargo casi vitalicio de presidente de la Asociación del Futbol Argentino. Nadie pudo quitarlo de este puesto y quienes osaron disputarle el poder, al ser aplastados, tuvieron que desaparecer.

No puede decirse que Grondona, un empresario modesto dueño de una ferretería en la zona de Sarandí, haya aportado algo que pueda ser recordado al desarrollo del futbol argentino, ni al de Sudamérica. Y sí, en cambio, varios escándalos ligados a nepotismo sacuden su biografía. Nepotismo y corrupción no suficientemente comprobada pero ligada al caso de la reventa de boletos en Mundiales.

La liga argentina sobrevive como una competición manchada por la violencia de las barras bravas y por un espectáculo decadente y poco atractivo sobre el terreno de juego. No hay capacidad de ningún club para retener al talento juvenil que emigra a edad muy temprana a Europa y otras partes del mundo.

La selección de futbol, hasta antes de su participación en Brasil 2014, llevaba 24 años sin acceder a una semifinal o final y el subcampeonato obtenido tras perder ante los alemanes en el Maracaná el pasado 13 de julio, se vivió más como una gran desilusión que como algo digno de festejarse.

Pero Grondona siguió mandando, impasible, incólume, hasta que la muerte le llamó.