A balón parado

Digan lo que digan, el premio fue merecido

No recuerdo una polémica tan encendida como la que se vivió ayer por el otorgamiento del Balón de Oro. Ni tanta discusión ni tanta emoción ni tanto desfogue puesto al servicio de este momento, que en teoría consagra al mejor futbolista del año.

Las lágrimas de Cristiano Ronaldo al momento en el que recibe el premio de manos de Pelé y se dispone a agradecer ante el micrófono indican, además, el enorme significado que el propio jugador, su pareja y su mamá (podría incluirse sin problema también en ese grupo al presidente del Real Madrid), le dieron a este hecho.

Las cámaras ignoraron los rostros de Lionel Messi y Franck Ribery, los dos derrotados, pero hubiera sido muy interesante ver las reacciones de ambos, sobre todo del francés que juega para el Bayern Múnich, a quien muchos consideraban el justo ganador por todos los títulos que obtuvo en el año.

Para algunos, Cristiano Ronaldo ganó gracias a un enorme chantaje, construido desde el entorno de su equipo, quizá el más poderoso del futbol mundial, que se quejaba de forma permanente por lo que consideraban siempre decisiones favorables a Messi. Ganó también al final por la tontería del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que al caricaturizar a Cristiano en un encuentro con estudiantes, terminó haciéndolo una víctima.

Pero ganó el trofeo también un extraordinario delantero, un goleador temible, con un promedio de más de un gol por partido. Y con un rol fundamental en uno de los equipos top del futbol mundial.

A mí me parece legítima y válida la forma en la que se decide este premio, con el voto libre y secreto de entrenadores y capitanes de selecciones nacionales, así como un grupo de casi cien periodistas de todo el mundo.

 Y el riesgo de algo que está tan expuesto al gusto personal, es el de generar polémica, el de gustar y no gustar, siempre.  

rafael.ocampo@milenio.com

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