A balón parado

Un mensaje a tiempo: ¡Azules, no se ilusionen!

La afición del Cruz Azul recibió la noche del miércoles pasado otro golpe demoledor. Un equipo de la devaluada Liga de Ascenso, el Necaxa, los dejó fuera de la final de la Copa MX al ganarles 3-2 en su propia cancha, exhibiendo sus limitaciones, ganándoles en corazón, dándoles toque.

La ilusión de que este Cruz Azul que dirige Tomás Boy trae algo diferente a las últimas versiones, en el campo de la calidad futbolística y el temperamento, se diluyó con amargura y frustración en el instante en el que el árbitro dio el silbatazo final.

El Cruz Azul era el absoluto favorito no sólo para llegar a la final sino para ganarla. De haber eliminado al Necaxa, habrían jugado la final como locales. Ni siquiera la ausencia de atacantes como Víctor Vázquez, Jorge Benítez y Christian Chaco Giménez, apartados por diversas lesiones, generaba dudas de que ganarían este partido.

Al habitualmente soberbio Tomás Boy no le quedó más que salir a explicar el desastre con la actitud más humilde que le recuerde nadie. Reconoció que el rival fue superior, que su equipo hizo el peor partido desde que los dirige, que fallaron individualmente y en lo colectivo. Asumió también sus errores al momento de determinar la alineación inicial... Vamos, por autocrítica y valentía para enfrentarla, nadie le puede decir nada.

El problema es que no se ganó, nuevamente, el partido que debió ganarse. Este Cruz Azul, que sin lugar a dudas tiene una cara más ofensiva, que juega mejor que las tristísimas últimas versiones (las dirigidas por Luis Fernando Tena y Sergio Bueno, para no ir más lejos), mandó un mensaje rudo: no están para ser campeones dentro de unas semanas, cuando se defina al ganador de la Liga MX.

Este ejercicio de contundencia verbal está respaldado en lo que el equipo mostró y dejó de mostrar ante el Necaxa. Y creo que el buen aficionado cruzazulino debería hasta de agradecer este llamado a tiempo.

rafael.ocampo@milenio.com
twitter@rocampo