A balón parado

Cruz Azul, con Sergio Bueno es menos de lo que era con Tena

Despedir un entrenador en un equipo de futbol en muchas ocasiones se convierte en un ejercicio necesario. Es el caso del Cruz Azul, donde Sergio Bueno no ha podido cumplir con las expectativas que los todavía millones de aficionados a este equipo se generan cada que empieza un torneo.

Han transcurrido siete jornadas de una fase eliminatoria, previa a la Liguilla, que se compone de 17 fechas. Cinco derrotas y dos triunfos es el saldo que arroja esta etapa. 6 puntos de 21 posibles. Pero un poco, si se puede, al margen de los números, el equipo dirigido por Bueno no proyecta nada positivo. No hay demasiados argumentos a la vista como para pensar que vale la pena aguantar.

Lo que el Cruz Azul manda como principal señal es el caos. Todo parece encaminarse al fracaso. Si de lo que se trataba con la llegada de este entrenador era cambiarle la cara y convertirlo de un equipo frío en carácter, desarticulado ofensivamente (al menos esos juicios se hicieron en la gestión de Luis Fernando Tena que precedió a ésta), a un equipo entregado y comprometido, generador de un estilo y juego agresivo, pues evidentemente que no se ha conseguido. Y se está muy lejos de ello. Hoy el Cruz Azul sigue siendo un equipo frío, sin demasiada entrega, desarticulado ofensivamente y, además y esto es lo grave, sin el orden defensivo que sí le daba Tena, al grado de con él, el portero Jesús Corona, era el menos vencido.

El Cruz Azul de Sergio Bueno no es que pierda los partidos recibiendo y haciendo goles… No, es un equipo que busca con más o menos decoro irse al frente en los primeros tiempos, pero no consigue anotar el primer gol por falta de fuerza, contundencia e imaginación… Luego, cuando los rivales le encuentran la manija, les meten uno, les meten dos y más goles… Y no hay capacidad de respuesta, ni futbolística ni anímica.

Con Sergio Bueno los únicos que se sienten cómodos en el Cruz Azul, son los rivales.

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