A balón parado

Corona, 'El Pikolín II' y el nuevo abaratamiento del Tri

La selección mexicana de futbol, la que todos consideramos mayor, jugará en este 2016 dos competiciones importantes: la primera fase de la eliminatoria mundialista (contra Canadá y El Salvador) y la llamada Copa América del Centenario, que se celebrará del 3 al 26 de junio en Estados Unidos.

No habrá pues la necesidad, como en otros años, de montar dos equipos con la pretensión de que resulten igualmente competitivos, como cuando se han juntado la Copa América y la Copa Oro.

Consecuentemente, no veo la necesidad de que Juan Carlos Osorio tenga que estar experimentando con tantos jugadores. No lo hace ninguna selección nacional de futbol en el mundo.

Un entrenador de futbol, sea de una selección o de un equipo, se acercará más al éxito en la medida que sea capaz de integrar y darle forma a la idea de un colectivo. Un jugador de un representativo nacional se sentirá más seguro, más dueño de su rol en la medida en la que más repeticiones tenga como tal.

Entiendo que Osorio justifique en el hecho de que se ha incorporado de forma muy reciente a este medio, su decisión de llamar y conocer a un buen grupo de jugadores que en realidad (hasta por una simple cuestión matemática), no tendrán cabida en el grupo de jugadores que estará en la eliminatoria y en la Copa América.

Pero entendiendo su argumento no me parece más importante que el que yo menciono como eje lógico del trabajo de cualquier entrenador de una selección nacional. Lo que resta no suma, así de sencillo.

Se da como un hecho, al día de hoy, que Osorio llamará para el partido amistoso del 10 de febrero en Miami, contra Senegal, a los porteros José de Jesús Corona (Cruz Azul) y Alejandro Palacios (Pumas). ¿En serio están como para ser considerados a una selección? El primero, todo un veterano ya, viene reapareciendo de una lesión que lo apartó durante varios meses de la actividad; el segundo, sumamente cuestionado por un comportamiento vergonzoso en la Liguilla, inventando agresiones, queriendo engañar al árbitro de forma hasta farsante.


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