A balón parado

El Clásico desnudó al América

Justificar la postura conservadora del América en el Clásico contra Chivas, porque no podía tolerarse una derrota más y menos contra el rival odiado, me parece nada congruente con los motivos que decidieron traer a Gustavo Matosas como entrenador.

A Antonio Mohamed lo despidieron por mantener un estilo conservador pese a haber sido campeón de liga.

¿No era el momento para que Matosas demostrara que el dominio de su propuesta táctica está realmente siendo asimilada por sus jugadores?

Esperaba un Clásico revolucionado por el adversario que tiene las herramientas o las armas para hacerlo. Y éso no sucedió. Se privilegió el partido de vuelta de la final de la Concachampions que tendrán que sostener el próximo miércoles en Montreal.

Chivas jugó a su nivel, demostrando que es el equipo que más ha crecido en lo individual y en lo colectivo en este torneo. No tienen ni la explosividad ni las variantes ofensivas que tienen las Águilas y entraron a esta campaña con objetivos muy diferentes a los que ahora mantienen.

Habrá que seguir esperando al América que idearon sus directivos; ese equipo ofensivo y atrevido capaz de ganar títulos y enamorar a los aficionados.

Por lo pronto, lo más evidente es que al América le falta físico, que no les alcanza la fuerza para protagonizar un juego como el que pretenden.

Y en eso deben estar trabajando, aunque no la tienen nada fácil, pues la Liguilla está encima y no hay espacio como para dedicar horas al trabajo específico que, se ve, se requiere.

Ya no hablamos de que a estas alturas Matosas solo tenga pendiente la parte ofensiva. Su zona baja deja mucho qué desear con centrales que son fácilmente rebasados; que tienden a la rudeza y que no aportan nada en ofensiva cuando tienen jugadas a balón parado.

Este Clásico desnudó las limitaciones y los miedos del América. Y lo mejor que pueden hacer quienes lo integran es reconocerlo. Todavía están a tiempo.  

 

rafael.ocampo@milenio.com

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