A balón parado

En Brasil, Scolari fue echado tras el 7-1 de los alemanes, ¿y Osorio?

Sigo sin poder digerir la espantosa manera en la que la selección mexicana de futbol fue echada de su Copa América.

Esta actitud del entrenador Juan Carlos Osorio y de la totalidad de los jugadores más representativos de salir a hablar con los medios para disculparse con los aficionados, me parece lo mínimo que cualquiera en su circunstancia debe de hacer. Pero no es todo lo que deberían de hacer.

No entiendo el silencio del presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Decio de María. Ni el de su brazo derecho Guillermo Cantú. Más que calmados, parados ahí en la puerta de acceso a la sala de conferencias de prensa del Levi’s Stadium la noche del sábado, parecían pasmados. Como que fueron a oír lo que seguramente el entrenador les debía haber dicho antes en privado. Los noté muy atentos y hasta curiosos de lo que un humilde Osorio decía a los reporteros. Pero no encontré en sus rostros un solo gesto que indicara nada más que eso que estaban pasmados.

Pero aunque su silencio es significativo quisiera escuchar a ambos personajes y conocer qué piensan, qué han concluido en todas estas horas. Osorio ha dicho que nunca ha pensado en renunciar. ¿Los directivos que lo contrataron creen que lo mejor es darle continuidad? ¿Por qué?

El torneo que nunca se ha ganado desde que se compite por él en 1993, tampoco se ganó ahora. Con todo a su favor, la selección hizo el papelazo de su historia, recibiendo la peor humillación. ¿Cómo puede ser que esto sea tratado como si hubiera acontecido una derrota más?

Ahora resulta que hay que enfocar baterías en la clasificación rumbo al mundial de Rusia 2018 y asegurar el pase haciendo un buen hexagonal el año que entra. Seguro saldrán con que ese es el objetivo más valioso.

La realidad es que están ya expuestos los alcances de un entrenador que habla y presume de conocimientos y conceptos futbolísticos que luego es incapaz de aplicar sobre el terreno de juego. En el partido decisivo no viene la celebración, sino las disculpas.  

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