A balón parado

Bielsa no debe de darle miedo a nadie

Está claro que el primer paso lo dio ya Marcelo Bielsa. Falta ver si el presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Decio de María, o quien él designe, establece contacto formal con el entrenador argentino.

Bielsa podría haber arreglado sus diferencias con el presidente del Olympique de Marsella, pero sabedor que puede cerrar un contrato ventajoso en lo económico para dirigir a la selección mexicana, decidió renunciar alegando que los franceses no le cumplieron determinadas cláusulas que habían sido ya pactadas.

Y si no se arregla con la FMF el Loco tampoco se va afligir pues trabajo no le va a faltar. Se trata de un director técnico muy bien cotizado.

En lo que se aclara el panorama, bien vale la pena recordar los años de Marcelo Bielsa en México. Después de destacar con el Newell’s Old Boys de la Primera División argentina, en junio de 1992 fue traído por el Atlas, para que se hiciera cargo de un ambicioso proyecto de búsqueda de talentos y definición de estructuras. Su trabajo fue destacado, si bien no se tradujo en el ansiado campeonato para los rojinegros.

Aún así, llamó tanto la atención por su trabajo que en 1995 fue requerido por el América, con responsabilidades exclusivas en el primer equipo. Dirigió a las Águilas en 36 partidos, clasificando a la Liguilla, sin ganar tampoco el título. Regresó al Atlas como director deportivo y en 1997 decidió volver a su país, con el Vélez Sarsfield, al que hizo campeón.

Todos esos años de Marcelo en México no fijan ningún antecedente que lo pinte como un personaje conflictivo o difícil. Si, en cambio, dejó un montón de anécdotas que lo definen como ese personaje un tanto excéntrico, obsesivo, estudioso. Dejó varios amigos que a la fecha se comunican con él.

No hay que temerle a Marcelo Bielsa. Si se concreta su llegada a la selección mexicana de futbol, estoy seguro, sabrá comportarse de forma adecuada y dar buenos resultados. 

 

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