A balón parado

Ahora ir a Japón a ganar, no sólo a comer sushi

El América se situó anoche en el estadio Azteca en esa frágil línea del riesgo innecesario.

Con todo el escenario dispuesto para salir a comerse a un rival destanteado y fuera de ritmo en todo lo que va de la temporada, decidió jugar de forma conservadora, atentando no sólo contra sus valores, sino contra su propia fuerza.

Aunque hoy sólo quede en los americanistas el sabor de la victoria y festejen con merecimiento la obtención del campeonato de clubes de la Concacaf, hay un análisis que debe quedar pendiente pues justo es el que le ha puesto en otros momentos muy puntuales, freno en seco a los legítimos sueños de una afición que quiere cuando menos un gran título en este su año del centenario.

Que no se diga que el juego anoche concluyó con un triunfo ajustado de 2-1 porque Tigres hizo un gran partido. Si el juego y la serie estuvieron en riesgo de igualarse es por lo que el América dejó de hacer.

Pero bueno, se cumplió lo que Ricardo Peláez advirtió hace ya varias semanas: Nacho Ambriz ganaría su primer título como entrenador como americanista.

Lo tiene que presumir. De eso no debe de haber duda, pero no sin reflexión pues es lo único que le va a dar la posibilidad de hacer algo notable en la Liga, cuyo pase a la Liguilla tienen seguro, y en el Mundial de Clubes en Japón sus seguidores no sólo quieren ir a comer sushi.

Lo digo en serio, el América, su entrenador y su directiva deben empezar a preparar un plan que los haga competitivos en el Mundial. Sabemos que ganarlo es casi imposible, pero buscar situarse como mínimo en la semifinal debe ser desde ya un objetivo.

Si se decide sostener a Ambriz, que hoy nadie podría dudarlo, entonces hay que pensar en refuerzos que le aporten dinámica y sorpresa a un proyecto que se ve un tanto desgastado.


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