A balón parado

Adiós "Piojo", qué vergüenza

No puede pretender Miguel Herrera seguir al frente de la selección mexicana de futbol después de agredir físicamente a Christian Martinoli. Debería de renunciar, reconociendo que no puede con el paquete.

No puede tampoco quien esté encargado de tomar esta decisión en la Federación Mexicana de Futbol, mantener al Piojo después de todas las que ha hecho. Deberían de despedirlo. Y esto lo tiene que hacer o Justino Compeán, quien dejará el cargo el último día de este mes, o Decio de María, quien se sentará en esa silla a partir del 1 de agosto.

No creo que deban convocar a una Asamblea de Propietarios para generar consenso. Esta es una decisión ejecutiva. Hay argumentos sobrados. Violación del reglamento, demostración ineludible de un comportamiento inapropiado.

Al momento de escribir esta columna, Miguel Herrera no había hablado. No había dicho una sola palabra. Tampoco lo hizo Héctor González Iñárritu, el director de selecciones nacionales.

Lo que hizo Miguel, secundado por una de sus hijas, (que terminó agrediendo físicamente también a Luis García, quien se metió en el asunto para calmar los ánimos), no puede ser tolerado.

Ricardo La Volpe, Javier Aguirre y José Manuel de la Torre, antecesores del Piojo al frente de la selección nacional, nunca protagonizaron agresiones físicas a sus críticos.

Enloqueció Miguel. Demostró su falta de educación, pero sobre todo, de inteligencia.

Apenas había ganado la noche del domingo la Copa Oro en Filadelfia, en cuyo aeropuerto agredió a Martinoli. Era para que estuviera feliz, relajado y hasta para que se ufanara en silencio.

Hay otros responsables de mantener y propiciar esto. Cómplices, pudiera inclusive decirse. La investigación que está exigiendo Televisión Azteca debe de dar con todos ellos. Hay mucha gente que no está haciendo lo que debe hacer en las selecciones nacionales. Andan desatados.  

 

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