A balón parado

El traje de baño de Fernanda González

No sólo los raquíticos resultados de la selección mexicana de futbol generan vergüenza en los aficionados. Con estruendo han reclamado en las últimas horas su lugar deportistas y directivos nacionales que participan en los Juegos Panamericanos de Toronto.

 Lo que generó ayer con unas destempladas quejas la nadadora Fernanda González es verdaderamente digno de análisis. Resulta que la atleta, para muchos la mejor representante mexicana del momento en la natación, explotó contra los directivos encargados de la delegación en estos Juegos, porque a su juicio la obligaron a utilizar un traje de baño que no se ajusta ni a su gusto ni a sus tallas.

 Después de ofrecer en la alberca una actuación realmente mala, González decidió quejarse ante la cámara de un reportero de ClaroSports, la empresa que transmite en exclusiva para México los Panamericanos. Se declaró literalmente amenazada, chantajeada, insultada, desconcentrada por los personajes que le exigieron ponerse el uniforme. Y amenazó con quejarse con el Director de la Conade, Alfredo Castillo y con el mismísimo presidente de la República.

 Hay que revisar, insisto, muy bien qué sucedió. De parte del Comité Olímpico Mexicano han aclarado que Fernanda había aceptado utilizar el uniforme, que es de una marca diferente a la que ella utiliza. Ella alega que el que le dan no le gusta y le incomoda.

 Dejémonos de cosas absurdas. Que los nadadores y otros deportistas que requieren trajes especiales utilicen los que más les acomoden y hasta los que más les den a ganar. ¿Por qué no?. Que usen el uniforme oficial, eso sí, al momento de recibir reconocimientos o una vez finalizadas sus competiciones, tanto en la Villa como en cualquier otro lugar en el que aparezcan representando al país.

 Eso sucede con las selecciones de futbol. Tanto la varonil como la femenil juegan con equipamiento de la marca Adidas. Y nadie se queja, ni los llegan a regañar y a amenazar de último momento.

Twitter: @rocampo