Con ton y son

Similitud de partidos

Los equipos salen formados en línea paralela rumbo al centro del campo. Se posan de frente a la grada donde -normalmente- se encuentran los estandartes máximos del club local, políticos invitados, familias de los futbolistas y demás… y así, ante la euforia total del graderío entonan el himno que respalda a la institución, o en dado caso, como sucede en la Liga MX, un metafórico peón, lleva hasta la mano de los capitanes el balón de juego. Luego, vendrá el silbatazo inicial.

Hay buenos y malos: esto depende desde el ángulo con el que se mire. El villano puede ser cualquiera, principalmente el arquero que permita los tantos, mientras que el héroe de la velada lo será contrariamente el delantero que cace más de una chance de cara al marco. Casi nunca, el defensa o el contención saldrán en hombros tras la ‘guerra estoica’, sino más bien, el honor de recibir las ‘flores’ que se traducen en tablas de goleo y reflectores mediáticos, será para quienes marquen. Ley de la vida, quizás.

Durante el encuentro, las butacas principales en la tribuna serán para quienes les puedan cubrir en cuota; las zonas del primer rubro las pagarán los empresarios, o los que ahorraron para poder darse el lujo. Las zonas más alejadas del campo, o las peor posicionadas, las tendrán aquellos cuyos ingresos no alcanzan para más. Finalmente, todo se traducirá en una fiesta deportiva. Hay quienes dicen que se festeja mejor en la zona popular que en la zona VIP. He estado en ambos ángulos, y probablemente el argumento apunte a los usos y costumbres.

La política mexicana raya en el sinónimo con su futbol. Apenas el fin de semana pasado se llevaron a cabo elecciones en distintas zonas del país, y el arquetipo pareciera el mismo: los equipos salen en ‘línea paralela’ hasta el centro del ruedo de contienda. Habrá un ganador y un perdedor, un villano y un héroe –también dependiendo de la percepción-. Las votaciones se llevarán a cabo, y como los goles, las victorias se traducirán en boletas seleccionadas. Esto generará un festín en los allegados, normalmente empresarios, personalidades del ámbito público y demás personajes emblemáticos. El silbatazo final vendrá, algunas ocasiones como el pasado domingo, adelantado a pesar de los tiempos que no habían confirmado a un ganador… y todos, todos los partidarios, levantarán las manos en señal de triunfo.

El futbol mexicano es como la política mexicana, casi un acto deportivo y casi un acto de función pública… pero cuyas mayores luminarias últimamente, se inclinan al espectáculo.

Twitter: OscarJiSa
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