Con ton y son

De un pueblo bicicletero

Me da orgullo decir que soy de un pueblo bicicletero. Soy de un pueblo en el cual las calles –amplias o estrechas– han logrado además de su transformación, conectarse por medio de ciclovías, que asemejan arterias, cánulas o vasos sanguíneos que producen pulsaciones. Me da orgullo decir que soy de un pueblo bicicletero.

Quizá las condiciones de pleno siglo XXI nos obliguen al acomodo de nuestros sistemas, de nuestras vías de transporte, y un claro ejemplo prevalece a partir de la intercomunicación en las ciudades con carriles específicos para 'bicicleteros'. Hemos llegado a un punto en el que es fundamental contar con ellos, con ese desfogue –vehicular o simplemente de activación física– que constituyen.

Hay que ser sinceros: nos falta cultura ciclista aún. Aquel término de 'pueblo bicicletero' es añejo y despectivo; enfatiza en las condiciones deplorables de tránsito en una ciudad, en el subdesarrollo y groseramente se utiliza para calificar a los pequeños municipios. Sin embargo, quizá también las demandas –o enseñanzas– del pleno siglo XXI obliguen a cambiar la percepción: un 'pueblo bicicletero' ya se percibe como un 'pueblo ciclista'. Pequeñas-grandes diferencias. Y entre más ciclistas, mejor.

El índice en el uso de la bicicleta ha crecido. No todos somos 'hipsters'; existen en el arquetipo ya practicantes del ciclismo de ruta, de montaña, bmx y demás derivaciones. El amor por el uso de la bicicleta se ha convertido, además, en un deporte constante para algunos, y en medida que las ciudades logren transformarse, habrá más espacios para ejercer.

Hace días platicaba con Ignacio Prado, joven ciclista Olímpico que alcanzó desarrollo a partir de residir en León, Guanajuato (municipio con 111 kilómetros de ciclovías), la ciudad desde donde le narro; expresamente le pregunté si como deportistas veían en las ciclovías una manera de 'expresión'; me dijo que para una ciudad siempre será importante tener sus libramientos, sus 'Reforma', sus canales. Como deportista de alto rendimiento, las ciclovías sirven de poco, pero a medida de que las ciclovías se sigan edificando con plena conciencia, el desarrollo de ciclistas vendrá por sí solo. Ya luego, con mayor velocidad, vendrá la migración a las carreteras y los lugares con menos tránsito.

A las autoridades de cualquier ciudad, un 'pliego petitorio': piensen en el ciclista, en sus necesidades, y en ese fomento de la 'bici' que tanto nos sigue faltando catapultar correctamente. El día de mañana, el denominativo 'pueblo bicicletero' no será peyorativo, sino laudatorio. Y todos, recalcitrantes de orgullo, aceptaremos el hecho de radicar en un 'pueblo ciclista' .

Twitter: OscarJiSa
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