Con ton y son

La prosa de la Boca de Paula II

Hace apenas unos días, Joaquín Sabina estuvo de visita por México. Una tierra tan suya, casi como los cuernos de la luna... como su Úbeda, España y su Barrio de la Boca.

La sola presencia del 'Flaco' genera un entorno de 'Calle Melancolía', bohemio, de unos rasgueos al tango y otros más a las rancheras. Siempre, la cercanía (por metafórica que pueda resultar la palabra) de Sabina me recordará ciertos pasajes: las afirmaciones y libertades en la vida diaria a partir de Peces de Ciudad, el éxito de Resumiendo, las letras más emblemáticas del paso de mi juventud a la adultez, la mujer de mi vida quien lo insertó en mi cabeza como un chip y la Boca de Juan Martín, Bianchi y 'Topo Gigio'.

Una de sus armonías más emblemáticas es 'Dieguitos y Mafaldas', que nació en el compendio de 19 días y 500 noches, y representa una serie de metáforas por la Argentina que cobraron forma y color a finales del milenio anterior. Justo cuando el Club Atlético Boca Juniors gozaba del carismático despertar del 'Loco' Palermo, quien desde aquel entonces se comenzaba a cargar en hombros al barco de Bianchi. Por aquellas fechas también, cobraba ese peculiar sentido del futbol en mi vida. Lo comenzaba a ver... y le comenzaba a entender.

Dieguitos y Mafaldas está ambientada en ese lapso de la historia del futbol sudamericano, y Joaquín Sabina –curiosamente- había sufrido de un desamor. Paula Seminara, argentina, hincha de Boca, le había jugado 'chueco': fue clara con el 'Flaco' y no pudo mantener su relación. Aún cuando para Sabina aún era prioridad, Seminara optó por 'cambiar de aires', sin importar los pasajes anecdóticos que mantenían desde el colectivo por las calles del Barrio de la Boca. Podremos entender por eso algunos versos de la canción; "De González Catán, en colectivo / A la cancha de Boca, por Laguna / Va soñando –hoy ganamos el partido- / La niña de los ojos de la luna. / Los muchachos de la doce más violentos, / Cuando la 'junan', en la Bombonera / Le piden, a la virgen de los vientos / Que le levante a Paula, la pollera", esa era el Boca Juniors que comenzaba a forjar el 'Virrey' Bianchi... y aquella, la mujer que le había mostrado la remera de 'Boquita'.

Paralelamente, el músico español, ferviente seguidor junto con su cómplice Pacho Varona del Atlético de Madrid, narra en la canción que como fiel distintivo tiene una escritura en prosa, el abandono de Paula Seminara y las dificultades posteriores en sus visitas al Hotel Rex de Buenos Aires.

El clímax melódico que hace vibrar cualquier escenario se encuentra en los versos en los que entra la de gajos; "Menuda bandera para una canción / ¡Y qué delantera! / Aquel año Boca salió campeón / De la Bombonera (...) / Le toca a Palermo tocar el balón / La Doce se altera / Le toca al gallego tocar este son / Para una bostera / El año que Boca salió campeón / En la Bombonera", se refiere Sabina al campeonato de la Boca con la máquina ofensiva de Palermo y Schelotto un ya lejano torneo de Apertura que se resolvió el 15 de noviembre de 1998 en terrenos de La Doce, en el barrio, en la Bombonera... y con récord goleador del 'Loco'.

Joaquín Sabina recién había concluido su relación con uno de sus grandes amores, la hincha argentina Paula, y al año siguiente le incluiría en su discografía más importante y tiempo después comenzaría su última relación hasta hoy, con su bastión, Jimena Coronado. Boca Juniors, por su parte, tendría un goce igual en aquellas temporadas: Palermo mantuvo la estirpe de ídolo y el 'Virrey' se fue y regresó. Román Riquelme terminó como valuarte y Barros Schelotto como un goleador en potencia. Boca, refrendaba su papel de grandeza... y Sabina, también.

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