Desde el gimnasio

¿Y dónde está el piloto?

En días pasados leí en redes sociales un interesante comentario de Antonio Díaz, un físicoculturista mexicano, considerado uno de los mejores preparadores físicos del país, que con mucha claridad refleja lo que pasa en nuestro deporte actualmente.

“El alcance masivo que tienen (las redes sociales), permite que cualquier persona que tenga una serie de fotitos y alguna competencia en su historial (aunque sea de principiantes), pueda convertirse en líder de opinión en tan solo unos pocos meses”, escribe Díaz en su Facebook, “lo único que se necesita es estar vomitando estupideces consistentemente, día a día, hasta capturar la atención de los nuevos y crecientes aficionados a este deporte, cuyo criterio, obviamente, es como una ‘tabula rasa´”.

En efecto, baste dar un paseo por páginas y redes sociales de jóvenes que apenas inician en este deporte, donde abundan no sólo este tipo de criterios que menciona Toño Díaz, sino comentarios ensalzando a sus “pseudofiguras” con frases como “estás enorme bro” “imparable” “eres mi inspiración” y similares, además de que sin ningún recato solicitan que alguien les asesore sobre un ciclo de esteroides o la forma más pronta de “ponerse grandes”.

Por si fuera poco, muchos competidores que han tenido el privilegio de ganar algunos trofeos, se comienzan a anunciar como preparadores físicos y asesores nutricionales, devaluando la noble tarea de quienes sí se han capacitado y lo hacen continuamente en temas como tecnología alimentaria, nuevos métodos de nutrición, ética, psicología del deporte, biomecánica, farmacología, medicina del deporte, sistemas de entrenamiento y trabajo con seres humanos, como si ser un Mr. X (que la mayoría de las veces tiene su propio gurú) les diera la destreza para poder enseñar lo que se requiere o como si todos los cuerpos y personalidades reaccionaran igual al mismo modelo.

Y para completar el triste espectáculo de las redes sociales, algunas revistas o sitios web anuncian premios en especie de las más reconocidas marcas de esteroides, abiertamente y sin regulación sanitaria alguna.

Al comentario de Toño Díaz yo le pondría, ¿y dónde está el piloto? ¿qué estamos haciendo quienes estamos inmersos en este medio para prevenir y educar a los jóvenes? ¿cómo le hacemos para volver a la vieja escuela, a los clásicos a las bases, no sólo de este deporte, sino de una sociedad cada vez más desvalorizada?

Como dice el atleta capitalino, no hay llaves maestras ni secretos en este deporte, sino disciplina, perseverancia, constancia, alimentación inteligente y entrenamientos intensos, de lo cual lamentablemente, ya casi nadie habla o escribe.