Desde el gimnasio

Las modas del ejercicio

A través de la historia contemporánea de los gimnasios han estado permanentemente presentes las tendencias, las modas y la mercadotecnia, más como una forma de hacer extender la industria del “wellness” y el “fitness”, que por una genuina evolución de encontrar nuevos métodos de entrenamiento, ya que al final del día los conceptos básicos y la escuela clásica sigue siendo la que prevalece en los resultados de verdad.

Así recordamos cuando en los 70´s los gimnasios eran exclusivos para caballeros y jóvenes mayores de 18 años, en los 80´s surgió la moda de los aeróbics que abrió un lugar a las damas y en los 90´s los centros de entrenamiento mixtos, con una amplia gama de clases fueron ya comunes y así continúo la evolución y en la primera década de los 2000 emergió con fuerza la yoga, el spinning y la zumba con sus derivados, con lo cual también comenzó una competencia de “marcas registradas”, patentes y licencias de los que registraron determinado programa y comenzaron a cobrar regalías a quienes usaran su nombre en su mercadotecnia.

En nuestros días pasa lo mismo con los llamados entrenamientos funcionales que lo mismo pueden llamarse bootcamp, crossfit y cualquier variedad de títulos para denominarle a un mismo concepto de ejercicio físico, cuyos nombres varían sólo con fines publicitarios y además, con una guerra nunca vista de patentes y de diversos centros de capacitación, asociaciones o agrupaciones que reclaman los derechos de cada uno de los métodos y sostienen, por supuesto, que el suyo es “el mejor”.

Lo bueno de este fenómeno es que cada vez hay más centros de acondicionamiento por todos lados, y con ello se multiplican las opciones para nuestra sociedad que sigue llevando a cuestas el nada honroso primer lugar mundial de obesidad. Lo malo es que en la vorágine de esta guerra comercial abundan los charlatanes, los mesiánicos y aquellos que sienten que tienen el monopolio del ejercicio, engañando con conceptos rimbombantes a sus clientes con tal de cobrar precios excesivos, ofrecer fórmulas mágicas y dejando de lado la ética de la educación física, además de estar usando al deporte como un medio de distinción de clases sociales y haciéndolo en ocasiones elitista, porque nunca será, por ejemplo, lo mismo hacer ejercicio en el Parque del Arte que pagar una costosa membresía en un lujoso y publicitario estudio de crossfit, aunque los conceptos y los resultados puedan ser los mismos.

Al final del día, los grandes representantes de diferentes deportes reflexionan sobre estos fenómenos comerciales y concluyen que no hay nada como regresar a lo básico, a la escuela tradicional (oldschool), a los principios básicos que combinan ejercicio aeróbico con anaeróbico, pesas, aparatos y acondicionamiento general, cuidando la técnica, siendo perseverantes, con una alimentación adecuada y el suficiente descanso y cuidado general del cuerpo y la salud. Todo lo demás, es pura moda y negocio, que no les engañen.

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