Desde el gimnasio

La mexicana alegría

Cuando estamos a unos cuantos días de que se llegue la fecha de la esperada inauguración de la Copa del Mundo Brasil 2014, los mexicanos nos encontramos en el dilema de tener una expectativa realista de nuestro representativo nacional o bien, como cada cuatro años, vivir la mexicana alegría de fantasear en torno a una posible sorpresa y los tricolores jueguen mejor que nunca en su historia.

Mientras la mejor actuación de México en una competencia internacional de futbol profesional se dio en el pasado reciente en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 cuando la escuadra de Luis Fernando Tena consiguió una histórica medalla de oro, en la historia de los mundiales de futbol, la selección azteca cuando más lejos ha llegado fue en el Mundial de 1986 en nuestro país cuando se logró el pase al quinto partido, en el que fueron eliminados en penales contra Alemania en una de las mejores actuaciones de todos los tiempos.

Si bien la medalla de oro ganada en el 2012 y el optimismo con que entonces se veía el trabajo que comandaba José Manuel el “Chepo” de la Torre, apenas dos años después la historia dio un giro dramático y de ser campeones olímpicos mundiales, ahora México se presenta como un seleccionado que no alcanzó su clasificación en la Concacaf y tuvo que ser “rescatado” por Miguel “El Piojo” Herrera para obtener su boleto en el repechaje.

Aun los más optimistas y quienes desde ya se viven en la mexicana alegría, descartan prácticamente que México pueda llegar al quinto partido y lo que es más, la mayoría cree que en esta ocasión, el tricolor tendrá una participación de tres juegos y al final de la primera ronda harán sus maletas de regreso.

Lamentablemente esto nos remonta a 1978 cuando en la era moderna se jugó en Argentina uno de los peores mundiales, con tres derrotas devastadoras y aunque como equipo nacional el mexicano parecía haber evolucionado después de haber ganado mundiales juveniles y las olimpiadas, una serie de malas decisiones directivas del trabajo institucional de la Federación Mexicana de Futbol, combinada con intereses comerciales y a mi parecer, un exceso de soberbia de que ya “estamos en otro nivel, entre los grandes”, a unos días de que ruede el balón en Brasil, la sensación generalizada es que en esta ocasión iremos sin presión a cumplir, sabiendo que cualquier punto obtenido será más de lo esperado.

Ello no demerita el trabajo de Herrera y los protagonistas que habrán de vestir los colores nacionales, a quienes sin duda les deseamos lo mejor, aunque en esta ocasión desafortunadamente creo que la mexicana alegría habrá de durar muy poco para seguir disfrutando un mundial en el que esperamos lo mejor de otros países como el campeón España, el anfitrión Brasil, Alemania, Argentina y alguna de las potencias que pueda surgir como cada cuatro años.

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