Desde el gimnasio

Es un estilo de vida

Ahora que inicia enero y como parte de sus propósitos de año nuevo, mucho más gente de lo normal está asistiendo a algún gimnasio o centro de entrenamiento, circulan por redes sociales algunos mensajes a mi parecer muy fuera de lugar, en el que aquellos más avanzados se quejan de que en esta temporada los principiantes llenen los locales y sea más difícil hacer su trabajo físico, con frases de mal gusto que dicen “no te preocupes, los nuevos que se inscriben en enero en dos semanas ya no regresan”.

Lamentable esto que podría ser llamado “bullying cibernético” sucede contra los nuevos usuarios de un gimnasio, de parte de aquellos que olvidan que un día también fueron principiantes y que han dejado por completo olvidada la virtud de la humildad, considerando que el deporte debe traer salud física, mental y emocional que en muchas ocasiones se queda solo en la primera, sobre todo de aquellos que sienten que pertenecen a una elite de inalcanzables tan solo por sus logros corporales.

En lo particular, en todos los años que llevo practicando el deporte del físico y ahora llamado fitness, en mis años de empresario, dueño de gimnasios e incluso como promotor de eventos tanto avalados por la federación oficial del país como de alguna franquicia internacional, me ha quedado claro que en los hechos, la realidad indica que más del 80 por ciento de personas que asisten a un centro de acondicionamiento lo hacen por salud, por superación o por un poco de autoestima, mientras que menos del 20 por ciento lo toman como disciplina consistente y de ese porcentaje, menos de la mitad conforman el círculo de alto rendimiento o competencias.

Quizás esta elite de competidores, respetables todos ellos, deberían recordar que la práctica de esta disciplina es un estilo de vida más que un medio para participar en algún evento o para ganar algún trofeo o medalla.

De hecho, me parece que todos los que estamos inmersos en este medio, deberíamos recordar que es precisamente ese estilo de vida lo que nos debe distinguir, combinado con la práctica de los valores universales básicos, más allá de competencias, eventos o intereses de organizaciones, que es precisamente lo que a la larga tiene a nuestro deporte en un rezago del verdadero nivel que deberíamos tener como país.

Desafortunadamente, eso que pasa en lo individual en los gimnasios, ocurre también a nivel de nuestro deporte organizado en el que prevalecen intereses comerciales y económicos de diferentes grupos, por encima del valor del respeto a la dignidad del atleta y el estilo de vida que ha decidido llevar.

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