Desde el gimnasio

Un deporte de apreciación

La semana pasada se realizó en Las Vegas, Nevada, la edición 50 del Mr. Olympia, que es para algunos como el súper tazón del fisicoculturismo y en el que ganó por cuarta vez consecutiva Phil Heath, derrotando al favorito sentimental, Kai Greene, en un fin de semana donde afortunadamente prevalecieron los criterios más puros para calificar este deporte de apreciación como son la masa muscular con simetría, estética, condición y definición.

Aunque debido quizás a la influencia de las redes sociales y algunos medios especializados, el neoyorkino Kai Greene en los últimos años se ha convertido en uno de los que más seguidores tiene en el mundo, debido en parte a su tamaño descomunal y su forma monstruosa, su desproporción y su cintura/abdomen de gran tamaño, fueron seguramente los elementos que le impidieron arrebatarle el título al “Regalo” Heath, quien se presentó con una gran clase, definición, simetría y cuidado en cada detalle.

Aun así hay muchos fans de Greene que consideran que ya “le tocaba” ganar el trofeo Sandow después de varios años de ser sólo la sombra del tetracampeón y opinando que es un representante mucho más completo de lo que algunos llaman, freaking-bodybuilding (físicoculturismo monstruoso).

Debemos considerar a pesar de todo que este deporte es uno de apreciación en el que un grupo de jueces emiten sus calificaciones en base a lineamientos de criterios definidos y que en muchas ocasiones son marcados por las modas o las preferencias de los patrocinadores o las revistas que publicitan a los atletas, por lo cual es y seguirá siendo un deporte subjetivo, que en mi opinión personal, debe seguir prevaleciendo la estética y simetría por encima de la monstruosidad, que por cierto es humanamente imposible alcanzar de forma natural y sólo se consigue con el uso indiscriminado de esteroides.

Phil Heath tiene un cuerpo grande y masivo sin perder la proporción y simetría de los clásicos, por lo que me atrevería a decir que es uno de los más estéticos y balanceados de toda la historia profesional de este deporte, aparejado a los excelentes físicos de los setentas simbolizados por Arnold Schwarzenegger y de los ochentas, en el que Lee Haney marcó su dinastía.

Aceptar los resultados sin embargo es muy difícil y por ello cuando veo las discrepancias que este deporte presenta a nivel profesional y en las grandes ligas, pienso que es muy comprensible que en las competencias locales siempre haya algún perdedor insatisfecho, alguna parte del público molesta porque su favorito o su familiar no gane e incluso en ocasiones gritos de “favoritismo”, fuera de lugar, cuando al final de cuentas, por más uniformes y establecidos que estén los criterios, este es y seguirá siendo un deporte de apreciación.

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