Tiempo de compensación

¿Mano dura?

¡Qué desesperación para los aficionados de Cruz Azul! Su equipo no encuentra la fórmula para un título desde aquel de 1997. Y parece que Tomás Boy tampoco lo es.

Durante mucho tiempo se dijo que hacía falta mano dura en la institución, que los apapachaban mucho, y que era necesario un entrenador con carácter.

Entonces, después de un largo recorrido llegó Tomás Boy, el prototipo que varios pedían. Y aquello de la autoridad, hasta hoy, se quedó solo en el papel, porque lo que platican al interior del equipo es que el entrenador no ha sido estricto con todos, que hubo concesiones para varios.

Por ejemplo, Joffre Guerrón llegó tarde a varios entrenamientos y no recibió sanción. Quizá porque era la contratación bomba del torneo, la esperanza de desequilibrio para el conjunto cementero.

Y en el transcurso de la campaña, hay que destacar que algunos futbolistas confundieron la intensidad con indisciplina, pues La Máquina es el conjunto que más expulsiones tiene, siete, al igual que Puebla, dos de las cuales las ha recibido el Maza Rodríguez. El mismo Boy lo expresó, tenía que hacer algo con esa situación, pero poco cambió su escuadra.

Es verdad, tampoco es que el Jefe tuviera la solución a todos los problemas, pero hubo casos en los que se reflejaba que el grupo se le iba de las manos. Empezó muy bien, haciendo tregua con los hombres fuertes del club como Jesús Corona o Christian Giménez. Pero con algunos nunca coincidió, como con Matías Vuoso, quien hizo pública su molestia -en entrevista con Fox Sports- por algunas decisiones de Tomás.

Los malos resultados de los cementeros impidieron que descartaran a Jorge Benítez, quien llegó tarde tres días después de la fecha FIFA y además se lesionó. El timonel necesitaba goles y no podía darse el lujo de sentarlo, luego de que se recuperó de su lesión. Solo lo sancionaron económicamente.

En fin, esos detalles hacen pensar que el carácter de Tomás no era la solución a la sequía cruzazulina. Hace falta un manejo distinto que no pasa por dureza. Y aquí se apela a una frase trillada, ninguna directiva o jugadores salen a perder un partido, en juego está una inversión y el prestigio. 

 

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