TRIBUNA FUTBOLERA

Dos universos distintos

Vino Monterrey a Torreón para llenar el TSM. El viernes el público lagunero abarrotó su estadio para presenciar la visita de los Rayados y no tanto por el hecho de que jugaban los suyos. Duro, pero cierto. Es comprensible: se presentaba uno de los equipos sensación. Y no es porque así sea mi parecer.

Lo menciono porque su nivel de juego, su dinámica, su compenetración y, sobre todo, sus individualidades, marcan una línea divisoria entre el alto, medio y bajo nivel de la liga.

Aquí no se trata de pugnar por unos colores u otros. Se trata de saber reconocer lo evidente. Si los que habitan en Tenochtitlan (Capital), siguen pensando que no hay nada más allá de su contexto futbolístico, están muy equivocados.

Tigres (Campeón) y Monterrey, se cuecen a parte. La última obra de arte la pintaron los Rayados en el TSM. Justo resultado por lo mostrado y exhibido. El Santos no es culpable de su destino en esos 90 minutos. Muy probablemente al Santos, con su nivel de juego actual, le alcance para ganarle a Jaguares, Puebla, Atlas, Cruz Azul ó Veracruz. Pero ante Monterrey o Tigres no es suficiente.

Su sistema nervioso le anuncia por momentos que no puede alcanzar un nivel alto, de “primer nivel”. Los de Zubeldía juegan dentro de sus posibilidades y alcances. No son top, pero tampoco son malos. Por eso el viernes que tuvieron enfrente un equipo que está en otra galaxia se vieron disminuidos. Me gustó que el Santos le hizo frente al Monterrey. Me gustó el derroche de esfuerzo notable.

Me gustó el marco, la tribuna. La disposición de los verdes fue irreprochable. Pero en el futbol no debe haber desfase entre el esfuerzo y la calidad de juego. El Santos por momentos es demasiado esfuerzo y poco cerebro.

Cuando se le agotan las ideas empieza a luchar y correr heroicamente. Monterrey, por su parte, corrió menos porque hizo lo lógico: que corriera más la pelota. Esa no se cansa. Cuando los de Mohamed metían la quinta marcha, el partido se trasladaba al ritmo que ellos querían. 

Cada vez que Cardona enfrentaba a cualquiera del Santos, lo dejaba sembrado (Abella fue un bonito adorno para los atrevimientos del colombiano). Cada vez que Carlos Sánchez quería taladrar, taladraba. Y si eso fallaba, entraba en acción su centro de operaciones de traslado de pelota de lado a lado.

Con eso van desbaratando poco a poco al rival. No es culpa del Santos. Ellos jugaron bien dentro de su nivel. Pero son dos universos distintos.