TRIBUNA FUTBOLERA

Como mujer en el período

El Santos es un equipo extraño. No tiene una esencia palpable ni mucho menos perdurable. A veces, irremediablemente, me hace pensar en una mujer que se encuentra en su período incómodo: un día está feliz, al siguiente está enojada, pasado mañana histérica, a los tres días depresiva y, al cuarto día, extasiada. Imposible determinar cómo tratar con alguien en ese estado. El Santos no sabe respetar su juego permanentemente cuando tiene los hilos controlados. Cierto conformismo lo terminó metiendo en líos ayer en Guadalajara. Es una realidad: el gran partido de entre semana en Monterrey (en Copa MX) distó años luz del visto ayer ante los Leones Negros.En definitiva: un equipo en el cual no se puede confiar al 100%. Tiene un aparato ofensivo que sabe sobrevivir y subsistir por sí solos. La naturaleza de los atacantes se ha configurado para encontrar un estilo de supervivencia infalible. Ellos saben que lo bueno que puede tener el Santos depende de ellos y su creatividad e inventiva. Santos se sabe partir muy bien. Hasta para las cosas malas se necesita experiencia y práctica. Por momentos el Santos demuestra tener muchos kilómetros recorridos en eso. Saben ser muy buenos, eso sí, cuando quieren y cuando el futbol dictamina que las cosas pueden salir muy bien. Pero no terminan, por lo menos a mí, de convencer.El equipo de Caixinha está obligado a ganar la poco valorada Copa MX. Para mí, vale poco y nada. Pero hay que coronar el gran partido ante Tigres con un titulito. No nos hagamos “tarugos” (como decía la “Chilindrina”) lo que vale es la imagen en la Liga y no en la Copa. En la Liga el Santos parece un coche un tanto destartalado ¿de qué le sirve a la afición verlos jugar muy bien un día si al poco tiempo saldrá a flote la verdadera naturaleza de su equipo? Desdibujado, un tanto torpón y con la brújula perdida. Santos lo hizo bien durante 70 minutos ayer en el Jalisco, pero conforme se fue sintiendo cómodo, dejó crecer a su rival; algo que saben hacer muy bien.Oswaldo terminó salvando a su equipo al final. El Santos tuvo el partido controlado y con las directrices perfectamente trazadas para finiquitarlo. Caixinha pensó, con algo de razón, que su rival ya no tenía embalaje para dañarlos. Pero lo hicieron. La liguilla se sigue alejando y el Santos se aferra a mendigar puntillos de donde vengan, ya sea jugando mal y agarrándose al rosario. Lo bueno es que el martes hay “fiesta” por la Copa MX. Por lo menos hay que ganar ese “título”.