TRIBUNA FUTBOLERA

El futbol también es cruel

Por momentos el Santos no termina por espabilar; tiene el control de las acciones y genera peligro mientras el rival está en trance, pero no lo liquida. El equipo se termina metiendo en una dinámica de la que emanan (desde el subconsciente y por su accionar) mensajes de tipo: “ya mero”, “ya casi”, “falta poco”, “a la próxima”, “fue mala suerte”, “nos faltó meterla”... El tiempo vuela y no se frena.

Los minutos son oro molido y el Santos asusta pero no finiquita. Ayer el castigo por perdonar estaba siendo severo: gol en la recta final del primer tiempo de un Necaxa que había hecho nada. Y todo porque el Santos se encripta, se traba como una computadora que de tanto pensar no encuentra la clave.

Me agrada Oswaldo: es como una abeja laboriosa que se esfuerza por tener en orden la colmena.

El balón debe sentirse cómodo cuando él lo cobija con sus botines.

Djaniny fue el detonante del bello gol de Oswaldo. Genial pared. Milagro! Fumata verdiblanca: hizo algo bueno. Y así, poco a poco, el africano fue tumbando maleficios que habían caído sobre sí mismo tiempo atrás: no aportaba, no organizaba, no hacía crecer a los compañeros, no elegía casi nunca la jugada indicada… pero ayer lo hizo y culminó su actuación con una bomba nuclear que clavó en el ángulo. Muy bien.

Considerando los años luz de distancia, me imagino a Djaniny fungiendo de Iniesta en el Santos; el de Cabo Verde tiene una responsabilidad inmensa y vital, pero a veces termina desbaratando todo.

Ayer tuvo un gran desempeño, pero le falta constancia. Y es que la pelota pasa muchas veces por sus pies, pero esa cantidad de veces termina desembocando en malas decisiones. Que lo de ayer sea, para él, un punto y aparte. El de Cabo Verde había sido abucheado anteriormente y con justa razón.

Que sepa dimensionar (por lo del festejo).

En el segundo tiempo el Santos se redujo a una mínima expresión, como si el Necaxa fuera una bestia de cuidado. Para nada. Se dejó crecer mucho al rival, que es débil. Ahí está el déficit del Santos: empieza controlador e intratable, pero conforme pasa el tiempo se le cruzan los cables. El equipo trató con amor propio, con más aceleración que lógica y buscó lastimar sin éxito.

La penitencia: terminó siendo cruelmente castigado con el injusto empate. El futbol también es cruel.

Ya son muchos empates y en cada uno de ellos no se está ganando un punto, se están dejando ir dos.