TRIBUNA FUTBOLERA

Lo que era y lo que es

Los tiempos del futbol no son los tiempos de Dios. Curioso me ha resultado siempre cuando el aficionado encomienda a su equipo al Creador para que lo encamine hacia la victoria.

Simpático, porque esa petición también la realiza el aficionado contrario. Eso compromete a Dios, porque el pobre no sabe a quién elegir para ayudar. Por eso los tiempos del futbol no son los tiempos de Dios. Él pensará: “A mí no me metan para que resuelva los entresijos de sus clubes. Yo no juego, juegan los de pantalón corto”. Dentro del contexto está el Santos, renacido en Semana Santa. No por Dios, sino gracias a ellos. Verdad irrefutable es que el Santos jugaba bien pero no ganaba. Verdad irrefutable es que ahora gana y sigue jugando bien.

Consecuencia de ser fieles a una vertiente de juego desparramada en el campo que, sin ser la más espectacular, poco a poco encontró su consistencia y recompensa.

Y es que los del Chepo nunca renunciaron a su idea de juego: dinámico, buscando siempre proponer, fallando demasiado a la hora de concretar, pero sin rendirse. Y la defensa se fajaba, pasando penurias de infarto. Lo que fallaba era el medio campo, huérfano de soluciones porque había un pozo en ese sector.

De Buen ha hecho de segundero en un reloj que se brincaba los segundos y se le atragantaban los minutos.

Él libera el trabajo de Osvaldo para que carbure mejor. No podemos ir en contra de los tiempos ni negar lo innegable. Cada jornada del presente torneo ha sido una capirotada de anécdotas para el Santos: en el principio se veía un equipo torpón en su intento por jugar a algo, con mucho ímpetu pero sin mucha idea.

Después empezó a tener sentido su juego, pero los de arriba y los de en medio traían los cables pelados y hacían corto circuito.

Pero el Santos sigue penalizando el no rematar los partidos: suerte maldita para un equipo que ya hace bien (o muy bien por momentos) las cosas sobre el campo. Ayer volvió a pasar lo de casi siempre. Ni necesito describirlo porque escuece. Ese es el déficit, el destino manifiesto para un equipo que de repente se vuelve cómodo, juega mucho con los sentimientos del rival y solamente lo tiene amedrentado y lo tortura sin darle la estocada final.

Lo malo es que en esa circunstancia de tener “piedad” con el rival le da una posibilidad de supervivencia, misma que no desaprovecha. El Santos hace varios partidos que hace las cosas muy bien, pero también ya son muchos partidos en los que se queda con la miel en los labios. Otro empate que sabe a derrota. Pero bueno, siempre habrá un América para que pague los platos rotos. Ánimo.