TRIBUNA FUTBOLERA

De la emoción por Cruyff, al batacazo

Todo estaba puesto: El homenaje a Cruyff, el marco, el mosaico, la emoción, el paso arrollador de Barcelona y el Madrid desahuciado en La Liga. De todos los entes mencionados lo que menos se podría imaginar era que el juego del Barcelona se viera inoperante. Era uno de las cosas que, por su contexto y su capacidad mil veces demostrada, no debería haber fallado.

Pero sucedió; un Messi que arrastró la pelota varias veces y sin mucho sentido. Un Suárez que se esforzó y se cansó de alcanzar pelotas. Tuvo dos buenos disparos que pasaron cerca. Nada más. Pero la oscuridad total fue Neymar: ni filigranas, ni amagues, ni corridas, ni disparos, ni internamientos… nada. 

El Madrid del primer tiempo fue timorato, ligero, liviano, cohibido y sin ganas de nada. Se la pasó mirando cómo el local tocaba. Eso no era la esencia del Real Madrid. Demasiada precaución. Y los de Luis Enrique tocaron pero no lastimaron. Poco a poco se fueron desesperando porque tanto traslado no se materializaba en ataques punzantes.

Los temores y las dudas que el Madrid tenía se fueron saltando como pulgas poco a poco a la espalda del Barcelona. Un Barcelona que se fue al vestuario empatando a cero y con la certeza de que la cosa no estaba pintando en lo absoluto como se lo habían imaginado.

El Madrid en el vestuario se dio cuenta que el Barcelona estaba en shok. Para los segundos 45 vino pronto el gol de Piqué.

Ese gol, más que fortalecer al Barcelona, invitó al Madrid a irse con convicción para adelante. Los de Zidane hicieron lo que debían: hacer frente a un Barcelona que no daba crédito a su inoperancia colectiva.

El Madrid, sin ser nada modélico en su juego, fue tirando de su verticalidad en desdobles, de sus rápidas contras y de una línea defensiva rival que se fue destartalando. Lo peor vino cuando salió Rakitic.

El péndulo de la media salió y la cancha del Camp Nou se quedó con un inmenso pozo en el centro. Por ahí se fue metiendo el Madrid hasta provocar el desordenado repliegue local. Merecidos goles para un Madrid que atacó mejor.

Debieron haber sido tres, no dos. Mal anulado el gol de Bale. Y eso que el segundo del Madrid vino cuando ya se había ido expulsado Ramos. Ni ante 10 el Barcelona pudo encarrilar el partido a su favor.

El Barcelona perdió después de 39 partidos invicto.

En el horizonte del Barcelona se asoma la Champions y un Atlético de Madrid que se ve como escalar el Éverest. Ayer el Madrid se inyectó de confianza y dejó dudas sembradas en el Barcelona.