TRIBUNA FUTBOLERA

La casa del dolor propio

Terrible para el Santista: una pesadilla hecha realidad. A veces ni en las peores películas de terror se configuran argumentos tan espeluznantes. El América supo esperar los momentos precisos para castigar al Santos cuando más podía lastimarlo. Maltratada del América al Santos en el Estadio Azteca… perdón… En el Corona. Es que con esos miles de americanistas que estuvieron en el TSM uno ya ni sabe qué pensar. Impensado ver esto en el viejo Estadio Corona; olía feo, estaba feo, era incómodo, había que estar ahí tres horas antes, pero no se atrevía a pararse ni un solo aficionado rival. Pero eso es historia y un pasado irrepetible. Lo que hay es un TSM y un Santos Laguna que cada vez más se van diluyendo en ideas futbolísticas sin sentido. Contundentes ganchos al hígado que el visitante le propinó a un local que siempre trató de meter la marcha forzada pero continuamente se quedó trabado en el último toque; esa jugada de Tavares en el primer tiempo que Quintero mandó al lado del poste fue clave. Lo que siguió fue un América que entendió que su rival en turno trae poco, muy poco en cuanto a jugar futbol se refiere. El drama y la emoción de los últimos 20 minutos se agradece, porque nos tuvo a todos en el filo de la butaca y con el corazón en un puño. Eso es el futbol: dinámica de lo impensado, arte del desparpajo. Ojalá todos los partidos del Santos fueran así: jugando con esa fiereza. Desde el minuto uno, y no cuando ya van perdiendo por tres. El Santos se llenó de coraje y se lanzó a conquistar el mundo cuando ya tenía tres espadas clavadas en la espalda. Lograron anotar uno, pero el castigo recibido era ya mortal. Nunca me imaginé ver a un Layún como héroe de un equipo, pero lo fue. Y Oribe. Oribe… el que menos tiene la culpa es él. Vino, jugó, se entregó y aportó su calidad para el equipo que le paga. Es un profesional. El culpable de todo esto es el América, y el Santos, y Caixinha… “Eso le pasó por curarse en salud” Dijo mi tío, Gerardo Cruz. En todo el partido yo no le vi al Santos hechuras de equipo bien estructurado. La reacción final fue más por amor propio que por calidad en el campo. En cambio el América, sin ser nada extraordinario, supo elaborar el juego y aprovechar las desatenciones del Santos. El futbol no es una lotería. A veces el destino ya establecido se reescribe y hace volar todos los pronósticos. Al Santos le queda tratar de levantarse de una humillación tremenda. Parece que al Santos se le perdió su alma.